Andanzas por Álava

Uno de los efectos de la pandemia -creo que para la mayoría- ha sido que hemos cambiado el tipo de viajes: ahora priman los nacionales y enfocados a la naturaleza.

Mediado junio nos fuimos tres días; nos alojamos en el parador de Argómaniz. Este es un minúsculo concejo situado en la comarca de la llanada alavesa, entre Vitoria y el embalse del río Zadorra. Tanto la ida como la vuelta elegimos hacerlas por carreteras de montaña; en un caso atravesando la sierra de Codés y luego junto al Parque Natural de Izqui y en el otro por el puerto de Herrera. En ambos trayectos disfrutamos de un panorama privilegiado.

El parador, a 15 km. de Vitoria, se ubica en un palacio de piedra de sillería del s.XVII, que fue de Los Larrea -con su escudo nobiliario en la fachada principal- al que se han añadido dos alas nuevas que conforman las habitaciones, todas con vistas a un magnífico jardín con un gran sauce central. Destaca el comedor/restaurante, en el último piso en lo que sería el desván de la casona, toda la techumbre y la estructura de madera … pero con escasa luz natural.

El motivo principal del viaje fue conocer la catedral vieja (Vitoria, como Salamanca, tiene dos catedrales: la vieja y la nueva) en su programa Abierto por Obras que se puso en marcha en el año 2000. Sin duda la Fundación Catedral de Santa María tuvo una idea brillante al simultanear los trabajos de recuperación del templo con las visitas.

Para llegar a la catedral vieja, en lo alto de la colina que fue el embrión de Vitoria, utilizamos dos ascensores, primero el de la cuesta de San Francisco, continuamos por la calle Correría y luego tomamos el del Casco Viejo -hubo suerte, ambos funcionaban- que te deja junto al Centro de Visitantes de la catedral.

Nosotras optamos por la visita guiada con opción torre-campanario. En 2021 ya no necesitamos casco como medida de seguridad, pues las obras van muy avanzadas. En 2014 se reabrió la catedral al culto, se celebra una misa cada domingo y continúan otras actividades culturales. Son 75 minutos en los que empiezas recorriendo los cimientos (el foso de Gasteiz), subes a la torre -en el ascensor colocado en el hueco donde colgaban las pesas del reloj- desde donde se tiene un panorama único de la ciudad y acabas visionando un montaje sobre cómo fue cambiando el pórtico a lo largo de los siglos. Es accesible y muy interesante, una maravilla enterarte del pasado de la ciudad y de todo el proceso, primero de investigación y luego de desarrollo de la restauración.

En lo referente a la naturaleza, destacaré dos espacios. Uno en el anillo verde de Vitoria, el Jardín Botánico de Olárizu. Ocupa 120 hectáreas que acogen una representación de los bosques europeos, albergando más de un millar de especies diferentes. Como en el coche va la silla eléctrica, aparcamos junto a la Zona 2 Bosques templados submediterráneos y sobre mi Sorollita pude adentrarme gozosa en el robledal, único vestigio de bosque autóctono de la antigua dehesa de Olarizu. Rodando llegué hasta la Casa de la Dehesa, con una exposición permanente sobre el mundo vegetal, oficinas técnicas, laboratorios y aseos. Como era domingo y la temperatura alcanzó los 34º había bastantes vitorianos pasando allí el día en sus áreas de recreo.

El segundo lugar en la naturaleza del que disfrutamos fue el embalse de Ullibarri-Gamboa, que además de abastecer de agua y electricidad a Vitoria y Bilbao, es una zona de esparcimiento que está rodeada de una ruta verde perimetral de 45 km. Es un hermoso paraje que dispone de dos playas, Garaio y Landa accesibles: con aseos y aparcamiento adaptados así como pasarelas y rampas hasta el agua. En el humedal crían y buscan cobijo patos, garzas, cigüeñas, somormujos …etc.

Bilbao,Guggenheim,Kandinsky

Al fin he conseguido ver la exposición sobre Vasily Kandinsky pocos días antes de que termine. Me interesó desde su apertura a finales de noviembre del año pasado, pero inmersos en el estado de alarma era imposible salir de Logroño, como concluyó el 9 de mayo, he podido ir a Bilbao.

El martes 18 fuimos al Guggenheim con cita, es la primera vez que voy a un museo con hora, cosas de los aforos y la pandemia. Al coincidir con el Día Internacional de los Museos la entrada fue gratuita y en el museo había gente pero no muchedumbre, se veían las obras sin agobio, podías demorarte en los detalles.

Kandinsky (Moscú, 1866 – Neully sur Seine, 1944) es un artista innovador y un teórico del arte que exploró las posibilidades expresivas del color y la composición. Su vida transcurrió entre Rusia, Alemania y Francia. En Alemania se unió como docente a la escuela de arte de La Bauhaus con la que compartía su convicción de que el arte puede transformar al individuo y a la sociedad.

La obra del pintor está íntimamente ligada a la Fundación Solomon Guggenheim. El mecenas comenzó a coleccionar obra del artista en 1929 y en la actualidad sus fondos disponen de más de 150 obras suyas. Por ello en esta muestra se puede observar su evolución pictórica, desde sus imágenes tempranas donde es reconocible la realidad hasta las incursiones en una abstracción que reflejan su aspiración a lo esencial.

Después del museo fuimos al hotel ubicado en la misma calle, junto a la ría. Otra curiosidad fue utilizar un ascensor para dejar el coche en el garaje. Salimos a comer al lado, en La barra de Luisa Izarra. Utilizamos la terraza interior -muy conveniente pues llovía- y degustamos una exquisita ijada de bonito regada con txacolí.

Por la tarde paseamos y tomamos algo por el Ensanche pero encontramos la ciudad triste y volvimos a cenar al hotel. A la mañana siguiente nos acercamos al puente Zubizuri, realizado por Santiago Calatrava en 1997 para facilitar la comunicación peatonal entre las dos orillas del Nervión. En su origen la superficie de la pasarela era de cristal y los bilbaínos resbalaban y se caían, por lo que el Ayuntamiento probó diversos sistemas hasta que optó por cubrir el suelo con la moqueta antideslizante actual ¡nada glamurosa pero segura! Para acceder al puente desde la alameda es necesario descender muchos metros y lo pude hacer tomando dos ascensores: uno hasta la plaza de La Convivencia y otro de aquí hasta la pasarela. Los ascensores nos facilitan la vida a las personas con movilidad reducida y en Bilbao hay unos cuantos: delante del hotel vimos el de La Salve y cerca el que conecta la calle Heros con la avenida Abandoibarra y otros 15 según informa la página web del Ayuntamiento.

Dejamos Bilbao lloviendo y volvimos a casa. ¡Qué bien sienta salirse de la rutina !

Este mes he disfrutado de exposiciones sobre varias facetas artísticas. En el Ayuntamiento de Logroño visité Almazuelas, arte textil. Lola Barasoain en cuya muestra vi piezas históricas de hace varios siglos junto a creaciones originales de la artista.

La Sala Amós Salvador ha mostrado una retrospectiva sobre la fotografía de Carlos Saura. Me gustó en especial el audiovisual Aragón compuesto con fotografías pintadas que él llama “fotosaurios”.

Un sábado por la mañana fui al Parlamento de La Rioja que ocupa una parte del antiguo convento de La Merced y durante el mes de mayo acoge la exposición de las obras seleccionadas en la Edición 12 del Certamen Nacional de Pintura que convoca esta institución. Vi cuarenta y dos pinturas de estilos y técnicas diversas, de las que me interesaron sobre todo las realizadas con tecnología 3D y con resina epoxi que ya me había fascinado en las pinturas de Prudencio Irazábal de los fondos de la Colección Wurth España. La obra premiada es el óleo de Eduardo Millán Sañudo Plaza de la Asunción.Verano.

El año del descubrimiento, 2021

Después de sobrevivir otro mes con todo cerrado excepto lo esencial han reabierto el comercio y la hostelería pues la incidencia del virus de la Covid-19 en La Rioja ha disminuido de forma notable. Por ello he tenido un fin de semana activo en el que he socializado: cine, teatro y celebración de cumpleaños.

El filme El año del descubrimiento dirigido por Luis López Carrasco es monumental por sus dimensiones -200 minutos- y por su calidad -dos Goyas entre otros galardones y elogiosas críticas- e importancia -recordar la Cartagena de 1992, con los disturbios que culminan con el Parlamento murciano en llamas por el desmantelamiento industrial como la cara B de la España moderna que se muestra al mundo con los Juegos Olímpicos barceloneses y la Exposición Universal sevillana-.

El documental es un retrato coral en el que vecinos, trabajadores, jóvenes, parroquianos, parados y sindicalistas charlan en el interior de un bar cartagenero acompañados del humo del tabaco, cervezas, desayunos, aperitivos, comidas y cafés. Mientras unos recuerdan sus trabajos y sueños de entonces, otros nos hablan de sus necesidades de ahora y queda todo tan entremezclado e intemporal que nos lleva a reflexionar sobre la relación entre el momento actual con su crisis económica y la que azotaba España al principio de los noventa.

La obra de teatro a la que asistimos tiene por título Sueños y visiones de Rodrigo Rato, escrita por Pablo Remón y Roberto Martín Maiztegui, dirigida por Raquel Alarcón e interpretada por Juan Ceacero y Javier Lara. Una obra ingeniosa que parte de una época histórica española, los años noventa, la del “milagro económico” encarnada por el político Rodrigo Rato. Una época d sueños y espejismos, de crecimiento desmesurado -se construyeron más viviendas que Francia , Alemania e Italia juntas-, esplendor, corrupción y caída. Rodrigo Rato fue el símbolo de ese milagro que tan mal acabó: para él en prisión. Pero el espectáculo dramático no es solo hechos reales y documento, tiene parte de ficción, la fantasía que permite acercarnos al personaje y al momento de forma divertida y hasta gamberra.

Los dos actores -a los que descubro encantada- interpretan muchos personajes reales, desde el taxista a Aznar, al tiempo que son narradores de la historia. El montaje cuenta con un atrezzo sencillo: solo cuatro sillas tapizadas de rojo ocupan el escenario de distintas formas para que imaginemos un salón, un taxi, un despacho…

Gocé en el teatro y más al salir y comentarla con los amigos.

El domingo nos juntamos en casa para festejar el aniversario de Honorio. Estuvimos cinco, solo faltó Andrea que vive fuera y no pudo venir por estar cerradas perimetralmente tanto Castilla-La Mancha como La Rioja. Nos reunimos alrededor de una mesa coronada con un asado de cordero lechal autóctono: chamarito; este término como sinónimo de pequeño y bonito. Las ganaderías se encuentran en la sierra de la Rioja Baja, en los valles del Cidacos y el Linares donde las ovejas aprovechan los pastos naturales. Esta raza de ovino riojano cuenta con una certificación de marca de calidad y así los corderos alimentados de leche en sus 40 días de vida no pueden pesar más de 13 kg. El chamarito que nos comimos era más pequeño y lo disfrutamos como un manjar, incluida su grasa con colesterol, porque “un día es un día”.

Mi festival Actual 21

Ayer concluyó la XXX edición de Actual. Escenario de Culturas Contemporáneas, el festival que inaugura el año, del 2 al 7 de enero en Logroño. En una situación anómala a causa de la pandemia se han producido modificaciones para que se realizara con seguridad: espectáculos en streaming, cambio de horarios, reducción de aforos, toma de temperatura y conciertos en modo digital o en directo con el público sentado. Sin duda el contexto musical es el que más ha variado. Los conciertos multitudinarios se han trasladado del Palacio de los Deportes al Palacio de Congresos Riojaforum y los pequeños de las carpas a la Sala Gonzalo de Berceo.

Como es habitual he asistido a varias sesiones cinematográficas, a una musical y por primera vez he participado votando como público en la Guerra de Bandas, esta vez en formato digital. De las 44 bandas que se presentaron de toda la península, diez llegaron a la final que es la Guerra y este año solo una de ellas era riojana: los logroñeses Rachel & Los Zánganos, a los que conozco, me gustan y he votado. No han conseguido el premio del público, que ha sido para Clemm y el jurado ha elegido al trío rockero Superfuzz.

El sábado vi la película El Agente Topo, de la directora chilena Maite Alberdi. Un documental sobre una residencia de ancianos que introduce como factor de ficción a un espía -al que da vida Sergio Chamy- de 83 años que debe informar sobre las condiciones y trato en el centro. La tristeza me caló hondo porque lo que se ve es la soledad en mayúsculas y el sinsentido de la vejez, aunque la presencia del infiltrado, su amabilidad, su dignidad y sus problemas con el celular/whasApp permite una quiebra hacia el humor.

El domingo estuve en la Sala Gonzalo de Berceo escuchando y viendo al grupo Maruja Limón a la hora del vermú. Una banda de seis mujeres (dos voces, dos guitarras, percusión y trompeta) sonando a pop rock hilado con flamenco. Una fusión alegre, temas propios y unas voces espléndidas que transitan entre ritmos poperos, latinos y flamencos con toques intensos de guitarra. Gocé con ellas.

El lunes acudí al Bretón para visionar Druk, Another Round filme danés que dirige Thomas Vinterberg -cofundador del movimiento Dogma95- al reparto encabezado por Mads Mikkelsen acompañado por T.B. Larsen, M.Millang y L.Ranthe. La historia es la de cuatro profesores de secundaria que se involucran en un estudio sobre los efectos de mantener un ligero y continuo nivel de alcohol en sangre, analizar si una tasa controlada puede mejorar su día a día. De la vida rutinaria y con dificultades inicial pasan a una fase en la que beber les ayuda en el trabajo y facilita las relaciones a la última en la que el alcohol domina sus vidas, no lo pueden controlar. Un drama muy bien contado e interpretado con un tema musical What a Life que es un canto a la juventud del trío danés Scarlet Pleasure.

El jueves fui a ver Nowhere Special, una coproducción de Italia, Reino Unido y Rumanía dirigida por Uberto Pasolini y rodada en Irlanda en inglés. Los dos actores principales son James Norton y Daniel Lamont, haciendo de padre e hijo tan bien que el amor que se profesan traspasa la pantalla. El padre, John, trabaja como limpiacristales y cuida a su pequeño de cuatro años, un niño amable, serio y poco hablador -tal vez porque su madre se volvió a Rusia a lo pocos meses de dar a luz- . John tiene una enfermedad mortal por lo que se preocupa de buscar una familia que adopte al pequeño Michael. El guión es también de Pasolini, basado en una historia real. El filme ganó el premio del público en el Festival de Valladolid, Seminci 2020.

En resumen, he disfrutado de todos los actos a los que he ido y sobre todo en esta horrible etapa pandémica soy más consciente de lo que necesito la cultura.

Pinturas fotográficas

Mediado el mes de octubre recuperamos el taller de pintura en un grupo reducido y con las medidas de protección necesarias.

Vi el filme La sombra del pasado de Florian Henckel von Donnersmarck (2018). Junto a la crónica histórica nos cuenta la historia de un joven artista criado en Dresde durante la Alemania nazi, Kurt Barnert. Comienza como rotulista, es recomendado para asistir a la Academia de Arte donde conoce a su amada Ellie y donde realiza grandes murales al modo del realismo socialista. Insatisfecho, se traslada con ella a la Alemania Occidental y al final logra ingresar en la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf. Tras dos años de búsqueda encuentra su modo de expresión, cómo transmitir su verdad. En 1963 su exposición “Fotografías borradas” es un éxito. El filme se titula en alemán Werk ohne Autor, literalmente Obra sin autor.

La película me gustó mucho y me llevó a interesarme por el artista que la inspira, el pintor alemán Gerhard Richter. En la actualidad goza de gran prestigio y expone obras en museos de todo el mundo. Su trayectoria abarca la pintura abstracta, el minimalismo, el arte pop, los retratos y el paisajismo.

Al igual que Richter yo también me sirvo para ciertas composiciones de fotografías que van desde iconografía periodística, retratos de familia o amigos hasta fotos de paisajes, ciudades u objetos. En general, me siento más satisfecha cuando me baso en instantáneas propias pues el cuadro suele reflejar un momento memorable, una persona querida o algo que me impactó.

Fotografía de prensa. Tomo como muestra una imagen de revista de un rostro femenino. La base de cartón la cubro de un fondo grisáceo con acrílicos y reinterpreto el perfil de la mujer con los cuatro óleos de la paleta de Zorn: blanco, negro, ocre y rojo. Los trazos precisos del cabello no los logro, tal vez necesite un pincel más fino o … mayor esmero.

Retrato familiar. Sobre base de tabla con imprimación preparo un fondo poco homogéneo con látex y pintura acrílica en tonos azules de forma que algún espacio de la tabla queda blanco y lo cubierto con pinceladas, quebraduras, gotas, rayas…. de mayor o menor espesor. La fotografía de la que parto es de un viaje de Pepa en La Patagonia, en las inmediaciones del glaciar Perito Moreno.

Con esta técnica el fondo es esencial, luego pinto el retrato con óleos blanco, negro y azules. Solo el rostro queda delimitado, pues el gorro, el cabello y el anorak casi no se distinguen del fondo. Para el rostro aprovecho algún espacio que ha quedado en blanco y esa zona de luz la voy ampliando. He elegido tonalidades azules porque son las propias del lugar que recreo, un ambiente helado y marino.

Fotografía de paisaje. Para esta composición reciclo un lienzo, primero lo tapo con imprimación y pintura blanca y una vez preparado le doy pintura acrílica en verdes y azules. El modelo es una fotografía tomada a las afueras de la ciudad en mayo, cuando nos permitieron salir del confinamiento para pasear. Un campo con amapolas y dientes de león en una mañana soleada que se acabó nublando.

Siguiendo el modelo voy pintando con acrílicos tres masas de color: una gran zona herbosa, otra de montañas y la del firmamento. Después trato de conseguir el efecto floral en un área y el de lejanía en otra mediante pinceladas y veladuras. Termino aplicando la pintura con la espátula para reflejar los puntos de luz de las flores.

El Duero en otoño

Unos días antes del cambio al horario invernal, del confinamiento de La Rioja y del estado de alarma nacional por los malos datos en esta segunda ola de la pandemia nos escapamos tres días a la provincia de Valladolid.

El desencadenante del viaje fue una preciosa fotografía de un puente-pasarela de madera sito en Pesquera de Duero aparecida en el suplemento de El País La buena vida. Nos pareció tan atractivo que me puse a investigar y descubrí que la empresa asturiana Media Madera había construido tres pasarelas sobre el Duero muy cercanas: en Pesquera, Peñafiel y Quintanilla de Arriba. Amplié algo el foco de interés y encontré que no muy lejos, en Medina de Rioseco podíamos hacer un paseo fluvial por uno de los ramales del canal de Castilla.

La historia del canal es muy interesante: concebido por los ilustrados españoles del s.XVIII como una obra hidráulica que facilitara el transporte de mercancías de la meseta hasta el mar formando una red de cuatro canales que unirían la Meseta con Reinosa en Cantabria. Tras casi un siglo de obras, habiendo consumido ingentes recursos y necesitado de más, el rey Fernando VII transfiere el proyecto a una empresa privada para que lo concluya y luego lo explote durante 70 años. Por último, el canal con solo tres ramales, sin alcanzar el mar mide 207 km y salva un desnivel de 150 m. mediante 49 esclusas atravesando Valladolid, Burgos y Palencia. Como empieza a funcionar poco antes de la llegada del ferrocarril, el sueño ilustrado se convierte en obsoleto una década después de inaugurarse, en 1959 se decretó su cierre y a partir de entonces se dedicará al riego. En los últimos años también sirve como recurso turístico, son kilómetros de sendas que se pueden recorrer disfrutando de la naturaleza, la fauna y los paisajes.

Salimos el domingo 18 de octubre temprano y pasado el mediodía llegamos a nuestro destino, el parador de Tordesillas. De allí fuimos a Medina de Rioseco y a las 16:15 estábamos en la dársena del Centro de recepción de viajeros. Montamos en la embarcación “Antonio de Ulloa” -accesible y ecológica- , uno de los ingenieros que proyectó y dirigió las obras. El trayecto por el canal dura una hora y nos explicaron algún dato curioso sobre las esclusas, los caminos de sirga, etc. Un paseo delicioso en una plácida tarde otoñal.

Por la tarde recorrimos la localidad, declarada Conjunto histórico artístico. Desde el parque junto a la dársena a los soportales de la calle Mayor, el Corro de Sto. Domingo. Con el crepúsculo volvimos a Tordesillas.

El desayuno en el parador ahora funciona de otra forma. Ya no hay bufé, sino atención a cada mesa mediante carta. Muy bien resuelto el tema de las restricciones. El lunes nos ocupamos en descubrir las pasarelas sobre el Duero. Primero nos dirigimos a Quintanilla de Arriba. Buscando la pasarela nos adentramos en la senda botánica, compartida con una etapa de la GR14 Senda del Duero. No alcanzamos el puente de madera pero nos encontramos con una playa fluvial. Antes de llegar a la senda vimos una torre de agua de las que abundan por la zona, grandes contenedores de agua -potable o no- necesarios cuando no hay elevaciones del terreno

Luego fuimos a Peñafiel, y en vez de localizar la pasarela, subimos al castillo desde el que las vistas son fantásticas. Peñafiel es la cuna del vino D.O. Ribera del Duero y por eso durante kilómetros la carretera rompe un manto de viñedos, pero ni el colorido ni las bodegas que vimos al pasar alcanzan la espectacularidad que nuestra tierra riojana.

Por la tarde fuimos a Pesquera, encontramos el puente, lo atravesamos y gozamos del río y su ribera, apta para el uso de los lugareños. La pasarela sobre el Duero es un artefacto ingenioso, bello y práctico que recuerda a un cuélebre, figura legendaria de la mitología asturiana, cántabra y leonesa descrita como una serpiente alada

El regreso a Tordesillas lo hicimos por carreteras provinciales atravesando hermosos bosques de pinos piñoneros, habituales en la meseta central de la península ibérica. La villa es Conjunto histórico-artístico, cuenta con un puente medieval de diez ojos, las Casas del Tratado -dos palacios unidos donde se firmó el Tratado de Tordesillas de 1494 por el que España y Portugal fijaron el reparto de los territorios colonizados en el Nuevo Mundo- y la Plaza Mayor, cuadrada y con soportales. En una de las terrazas de la plaza cenamos, con gusto y por poco dinero, en un ambiente tristón a causa del sirimiri y la falta de lugareños, debido, en opinión del tabernero, al miedo que provocan las noticias televisivas sobre la pandemia.

El martes dejamos el parador lloviendo y el agua nos acompañó hasta Frómista. En esta localidad palentina está la iglesia de San Martín de Tours, donde estaba la iglesia de un monasterio benedictino del sXI. Del templo original no queda nada y ocho siglos después fue restaurado. El que hoy contemplamos tiene la apariencia del estilo románico primigenio. En Frómista teníamos intención de visitar el conjunto de cuatro esclusas del Canal de Castilla pues es donde el desnivel es más pronunciado, pero no lo hicimos porque seguía lloviendo sin descanso.

La lluvia no cesó hasta Santo Domingo de la Calzada. Hicimos un alto en el camino -es uno de los municipios importantes del Camino de Santiago- comimos y retomamos el recorrido hasta Logroño. El jueves la presidenta de La Rioja decretó el confinamiento perimetral de la comunidad ante el avance imparable del virus.

Escapada a Guipúzcoa

Casi medio año después de declararse la pandemia y con una tasa de contagios elevada , la mayor de la Comunidad Europea, nos atrevimos a acercarnos a la costa para volver a ver el mar a la luz de septiembre, pero solo dos días.

Salimos de mañana por la autovía de Santiago a Pamplona y continuamos hasta San Sebastián, zona de Ondarreta. Al no poder registrarnos en el hotel hasta las dos, subimos al monte Igeldo de camino hacia Orio hasta un área de descanso equipada con bancos y fuente. En esta travesía vimos alguna urbanización, cámpin, asador, caseríos, prados con vacas y un robledal. Volvimos al parque de atracciones para disfrutar de la mejor vista de Donosti desde la terraza panorámica, por lo que hay que abonar 2,3€ por persona.

Hicimos el check in en el Sercotel Codina -muy bien adaptado para personas con movilidad reducida PMR-, dejamos el coche el el aparcamiento del hotel y nos fuimos a comer por el barrio, El Antiguo.

Por la tarde nos recorrimos más de 5 km. de la bahía de la Concha desde la playa de Ondarreta hasta los jardines Alderdi Eder, todo el trayecto dispone de carril bici junto al paseo. Una gozosa caminata por el paseo marítimo -llano, sin ningún desnivel- sobre la playa, con el mar a la izquierda y hermosos vergeles a la derecha. Comenzamos en el simétrico parque delante de la playa, vemos en lo alto el palacio de Miramar, pasamos el tunel y cambiamos de arenal, seguimos hasta el balcón del Bicentenario y enfrente percibimos los fantásticos edificios en la colina de Miraconcha, bordeamos el balneario La Perla y terminamos en la plaza Clara Campoamor saludando la escultura de la sufraguista a tamaño natural con un libro en cuya portada se lee “ Una mujer, un voto”

Paramos a tomar un txacoli en una terraza y a disfrutar del maravilloso crepúsculo. Yo, que soy bebedora de vino blanco, me deleito con este vino joven vascuence, lo mismo que con el albariño gallego. Ya anochecido fuimos en dirección al hotel. Cenamos de maravilla en la terraza del Bar Boutique Altuna en la calle San Martín: buen producto, esmerada elaboración , servicio extraordinario y precio asequible. Un sitio que apuntaremos para repetir en futuros viajes. Fue un día perfecto.

Salpicón de pulpo

El miércoles salimos a desayunar en la calle Matía, recogimos nuestras pertenencias y poco antes de las doce dejamos San Sebastián hacia Guetaria. Este pintoresco pueblo es muy difícil de transitar por PMR pues su casco histórico está enclavado sobre un cabo rocoso, de forma que hay que subir/bajar calles con mucha pendiente. Incluso la iglesia parroquial tiene el suelo inclinado!!!! En lo alto de la calle principal está el Ayuntamiento en cuya plaza se ubica la estatua de Elkano, el primer marinero en dar la vuelta al mundo.

Habíamos ido a Guetaria para conocer el Museo Balenciaga, otro hijo ilustre. El museo está situado en una colina y para acceder se deben tomar unas escaleras mecánicas, pero los usuarios de silla de ruedas podemos utilizar el aparcamiento para los empleados, después de telefonear y que nos retiren la cadena para entrar. El museo se inauguró en 2011 para conservar el legado del modisto más influyente del siglo XX, en un edificio singular anexo al palacio Aldamar. Me gustó mucho ver de cerca alguna de las fantásticas creaciones de Cristóbal Balenciaga, con unas telas muy sofisticadas: shangtung, tafetán, crepe satén, etc.

Para no tener que trepar más nos desplazamos a Zumaia a comer después de lo cual nos pusimos en marcha para volver a Logroño. Hicimos un trayecto complicado, tomando carreteras de todas clases: autonómica, comarcal y nacional. Al atardecer llegamos a casa.

Julio 2020, con prudencia al valle del Pas

La última semana de julio, con el miedo aleteando alrededor, viajamos al valle del Pas, en la cercana comunidad cántabra.

Llegamos por la tarde a la Posada La panadería, localizada en Villabáñez, que pertenece al municipio de Castañeda. El alojamiento era lo previsto ¡lo que ayudan Internet y las fotos! : una casona cuyo gran jardín tiene acceso al río, y nuestra habitación, en la planta baja, muy amplia. El cuarto de baño de grandes dimensiones con ducha a ras de suelo y equipada con una silla. También en la planta baja está el comedor donde desayunábamos, el primer día solas pero el último al completo: los huéspedes de las siete habitaciones provistos de mascarillas. En resumen, una casa accesible y acogedora.

Con el crepúsculo nos acercamos a Puente Viesgo, a menos de cinco km. de la casa. Junto al Ayuntamiento encontramos la vía verde del Pas, antigua vía del tren Astillero-Ontaneda. Al comienzo vemos la antigua estación rehabilitada y en el exterior una antigua locomotora de vapor. Está muy bien acondicionada y paseamos hasta que anocheció.  Regresamos y cenamos en el restaurante del balneario, en un jardín magnífico. Fue la primera vez que utilizamos carta digital, una de las precauciones a las que nos está acostumbrando el covid.

 

El martes amaneció lloviendo y no paró hasta el ocaso. Yo detesto salir  de casa con lluvia…pero había que hacerlo. Fuimos a Comillas y tras una larga espera conseguimos una mesa para comer en la terraza cubierta de la Taberna Trescaños con vistas a la plaza  y sus construcciones típicas cántabras. Paseamos en coche un poco por la costa y volvimos a la posada. Hice la reserva para ir a Cabárceo al día siguiente y María, la dueña de la casa, imprimió la entrada, requisito imprescindible ahora.

El 29 de julio pasamos un día  extraordinario en Cabárceno. El comienzo no fue bueno. Llegamos a las cercanías sobre las 11 y nos costó más de una hora entrar, atascados en una carretera comarcal como si fuera hora punta en Madrid. Pero una vez dentro gozamos mucho. Conocimos el Parque de la Naturaleza de Cabárceno  a los pocos años de su inauguración, y siendo el mismo espacio, se han ido introduciendo servicios que completan la experiencia. Ocupa 750 hectáreas de un paisaje cárstico atravesado por más de 20 carreteras que te acercan a los diversos recintos donde los animales viven semilibres en un entorno botánico muy variado: alisos, robles, bambús, hayas, olivos, o tejos.

Las novedades fueron la exhibición de aves rapaces y el teleférico. Después de comer asistimos a un espectáculo de rapaces con demostración de vuelo y estrategias de caza de buitres, halcones o el águila calva, entre otras.

El teleférico, inaugurado en 2016 es una experiencia “casi” obligatoria al estar incluida en el precio de la entrada (28,5€). Después de ver a las rapaces fuimos a la estación1 de salida de las telecabinas. Tuvimos que hacer fila durante 50 minutos porque los requisitos de uso por el coronavirus son restrictivos, pero la espera merece la pena, es un auténtico lujo sobrevolar ese paisaje y ver desde lo alto a elefantes, camellos o bisontes. En la estación2,  hay que salir de la cabina. Es el Mirador del Rubí con unas vistas estupendas de la bahía de Santander. Tras la parada  volvemos a entrar  en otra cabina y vamos a la estación3, donde abandonamos el teleférico.  En este trayecto vemos leones, canguros, etc. y como durante todo el viaje, esos parajes de las antiguas minas de hierro a cielo abierto ahora reforestados.  Todo el parque es accesible, también el teleférico claro, pues el encargado de cada estación reduce mucho la velocidad de la cabina a la que accede la PMR y entras perfectamente.

 

El jueves  fuimos a la playa más cercana a la casa, la de Usil-Mogro. Me quedé mirando al mar junto a unos pinos, antes de la arena. Comimos en la terraza del Milagros Golf Hotel abanicadas por la brisa marina y viendo el mar calmado. Por la tarde rato para tumbarme  en la casona.

Esa noche volvimos a Puente Viesgo, repetimos paseo por la vía verde y cenamos en el hotel La Terraza, con más de 100 años de historia – cuenta con el registro activo más antiguo de la comunidad- en unas instalaciones actualizadas. Cenamos en una moderna pérgola enclavada en el gran jardín ante la  amenaza de lluvia. Entre el sofisticado picoteo probamos una ensalada de boquerones ¡imprescindibles en Cantabria! en este caso con pulpo, todo rico y asequible.

El viernes pasamos el día en Santander. Comenzamos paseando por el Sardinero, tomamos un aperitivo caprichoso en la marisquería El Acuario y a las cinco de la tarde esperábamos la apertura del Centro Botín.  El edificio del Centro de Arte Botín, obra de Renzo Piano, es una maravilla: dos volúmenes sobre columnas colgados parcialmente sobre el mar. Me desilusionaron las exposiciones: una no me interesó y la que sí  “Retratos: Esencia y ex: presión” solo muestra ocho obras -de ocho genios-. Luego subimos a la terraza que ofrece una bonita panorámica de Santander y acabamos deambulando por el  paseo Pereda, poco rato pues estaba atestado.

El sábado, tras despedirnos de María,  nos acercamos a la Colegiata de Santa Cruz, románica y hermosa. Vimos solo el exterior -se celebraba un funeral-. Salimos para Logroño, pero por la carretera del interior. Fue una agradable sorpresa pasar el puerto del Escudo, en la actualidad está en muy buenas condiciones, y siendo sábado 1 de agosto no había apenas tráfico. Paramos en Oña donde comimos al aire libre frente a la colosal fachada del Monasterio de San Salvador.

Unos días inmersas en la naturaleza,  apacibles,  cautelosas , casi desconectadas de las noticias y por ello sin la inquietud derivada de la pandemia, que vuelve a ser una gran preocupación desde que volvimos.

Retratos

El año pasado me referí  en la entrada A mano a los campos de la artesanía en los que me he ocupado: textil, cuero y pintura. Ahora me voy a centrar en esta, que a su vez abarca diversas modalidades: según el soporte sobre el que se pinta o según el pigmento que se usa.

Aquí abordo la técnica mixta de acrílico y óleo sobre tabla. Lo primero es preparar la tabla con  imprimaciones de cola . Comienzo con un fondo  de acrílicos, tres o cuatro colores diluidos en agua  y una vez cubierta la tabla cambiar los pinceles por espátula  en algún punto  para lograr diferentes texturas.

Después se traspasan las líneas básicas del retrato elegido. Yo hago una fotocopia ampliada de una fotografía, cuanto mayor calidad tenga, será más fácil de copiar.  En algún caso,  tratándose de un regalo sorpresa, me las he arreglado con  una foto del perfil de WhatsApp, pero no es una buena opción pues como dice mi profesora del taller de pintura,  es fundamental el motivo que se elige para versionar.

Una vez delineado el contorno, se va pintando con  óleos de los mismos colores usados para la aguada del fondo.  Voy sombreando con cantidades mínimas de colores mezclados en la paleta y a base de pinceladas y borrados con dedo o trapo  va surgiendo el rostro de la foto.  Se pueden usar diluyentes que mejoran la fluidez y aceleran el secado  de los óleos.

 

 

 

 

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Este último lo realicé con la llamada paleta de Zorn que consta de cuatro colores: amarillo ocre, negro marfil, rojo cadmio y blanco. La paleta limitada se atribuye al pintor sueco de finales del XIX Anders Zorn y con los cuatro pigmentos se puede lograr una gama completa de colores. Al final utilicé el aceite de lino  para dar un acabado más brillante en alguna zona.

Apuntes sobre la pandemia

Alarma   14 abril

 

La vida se ha encogido otra vez.

Entonces solo me afectó a mí.

Durante tres meses estuve confinada

en una cama de hospital bocabajo

y otros tres en la mía, ya volteándome.

De nuevo estoy recluida,

de igual forma millones de compatriotas:

quienes no realizamos actividades esenciales

llevamos semanas sin escapar del espacio doméstico.

Solo salimos al balcón a aplaudir a los esenciales.

Obligan la salud propia o las autoridades.

La mayoría obedecemos, unos pocos estallan

y la actividad colapsa.

Hoy somos más conscientes

pero siempre hemos dependido unos de otros.

La incertidumbre nos acogota, maldito virus.

 

Alivio 26 abril

 

El Presidente dijo que el próximo sábado

-a los 50 días de mi confinamiento-

tal vez podamos salir de casa.

Por la noche dormí mal, 

me costó conciliar el sueño

como cuando voy a emprender un viaje.

Es extraño -todo es extraño ahora-

pues caminaré por espacios conocidos         

sin preocupación, solo relajo.

Será un paseo -que no garbeo-

pues tengo previsto el recorrido, casi el horario

y el atuendo, con la necesaria mascarilla.

No sufro por el encierro, me estimula la cultura

libros y cine son mi válvula de escape.

Pero airearme será un alivio.

La vida sigue, a otro el ritmo.

 

Paseo  6 mayo

 

¡Qué suerte he tenido! El carné de discapacitada me permite salir en el horario bueno: de 10 a 12 del mediodía,  que además es el menos concurrido.

En la calle peatonal contigua a la nuestra me fijo, sobre todo, en dos árboles jóvenes: un ginkgo biloba y un arce rojo y observo que en varias tiendas se preparan para la reapertura.

Terminada la zona comercial atravieso la Glorieta del doctor Zubía, donde transcurrieron tantas tardes de niñez y adolescencia. Continuamos por la calle del colegio. Al final, en el espacio que ocupaba la huerta y el cementerio de la Enseñanza, en la actualidad hay una residencia de mayores.

Doblamos a  la izquierda y ya vamos a la vera  del río.   Pasado el puente  de Piedra  -ahora en obras- bajamos por la calle San Gregorio y nos adentramos en el parque del Ebro. En estas fechas se acumulan los vilanos de los chopos formando mantos blancos cubriendo el césped. Sobre la pradera se elevan dos hermosas aves blanquinegras. Alto una cigüeña que se dirige al nido en la chimenea donde le espera su compañera, se saludan con ese característico castañeteo, el crotoreo. Más abajo vuela ondulante una urraca que al posarse muestra la cola azulada.

Sobre la pasarela peatonal vamos viendo abajo los sotos y pasamos a la orilla norte del río. Giramos y caminamos junto al Rincón de Julio, histórico merendero ahora cerrado. Vamos paseando por lo que antes llamábamos La Playa hasta el campin, donde concluye la zona asfaltada y se debe avanzar por un estrecho sendero hoy clausurado por estar desbrozándolo.

Retrocedemos, sobrepasamos el merendero y nos internamos en el tramo en el que los caminantes vamos junto a la ribera, casi al mismo nivel que el Ebro. Es una zona umbría y al final del camino disfrutamos contemplando un enorme álamo plateado.

Al ascender hasta el puente de Hierro vemos un edificio icónico en nuestro panorama urbano, una obra emblemática de la arquitectura industrial, el antiguo Matadero Municipal donde se ubica la Casa de las Ciencias. Cruzamos el puente y nos internamos en el casco antiguo hasta llegar a Portales.

De vuelta a casa vamos en dirección a la Glorieta. Pasamos por delante de la concatedral de Sta. María de la Redonda cuya portada principal se sitúa en la Plaza del Mercado,  nombrada así pues en su origen aquí se celebraban las ferias comerciales.  Apuramos el tiempo  pero sin excedernos, lo que sí hemos hecho con respecto al espacio: hemos ampliado el perímetro del kilómetro, ¡resulta muy reducido!