Sol de invierno en Tenerife

Este invierno decidí alejarme unos días del frío. Fuimos una semana a la isla de Tenerife. Nuestro deseo era disfrutar de  naturaleza y cultura con buena temperatura por lo que nos quedamos en San Cristóbal de La Laguna y desde allí recorrimos el norte y el centro volcánicos.

Salíamos temprano el uno de marzo de Bilbao, así que habíamos reservado alojamiento en un hotel junto al aeropuerto. El día 28 de febrero amaneció Logroño completamente nevada; escuché con preocupación que habían cerrado el aeropuerto, pero a mediodía volvió a operar. Esa tarde iniciamos el viaje. La autopista a Bilbao estaba transitable y el panorama visual fuera de ella era un manto nevado. El hotel Holiday Inn Express está a cinco minutos del aeródromo y dispone de servicio de transporte. El vuelo partía a las 7 h. Los de asistencia sin barreras me permitieron llegar a las 5:45 h; coche al aprcamiento de larga estancia, billete, facturamos y al avión. Por primera vez, tanto a la ida como a la vuelta, me situaron en la tercera fila (viajaba con Vueling) que es muy cómodo porque el asiento está muy cerca de la entrada y el trayecto que te tienen que llevar en la silla especial es pequeño. Al ir a las islas Canarias cambiamos de huso horario, por lo que, aunque el vuelo duró tres horas, llegamos al aeropuerto de Tenerife Norte a las 9:05- Recogimos el coche de alquiler y fuimos a la ciudad.

La Laguna es una ciudad mediana (algo más de 153.000 habitantes) situada en el noreste de la isla, a 8 km. de la capital. Su casco histórico es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1999 en la modalidad de Bien Cultural por ser la primera ciudad no amurallada que conserva casi intacto su trazado original del siglo XV. Para  los que no conocemos Latinoamérica nos acerca al estilo colonial sin salir de España pues su diseño urbanístico sirvió de modelo para ciudades como La Habana, Lima o Cartagena de Indias, con las que comparte la conformación urbana junto al estilo, colorido y altura (dos o tres plantas) de los edificios. Fue un acierto elegir La Laguna como base de nuestra estancia en Tenerife, sobre todo  porque es llana y por donde nos movíamos casi todo es peatonal, así que muy cómoda.

Después de pasear un rato por el centro histórico nos acercamos a nuestro alojamiento. La Laguna Gran Hotel es un  establecimiento magnífico en un edificio del  siglo XVIII rehabilitado que conjuga historia, confort con tecnología y con una plaza para PMR en el parquin, pero no está adaptado; el cuarto de baño, super espacioso y con ducha a piso llano, no tiene barras de apoyo.

De los múltiples espacios interesantes de la ciudad citaré unos pocos:

1.La casa Alvarado Brahacamonte, sede de la Oficina de información turística que ofrece también folletos y visitas guiadas.

2.La torre de la iglesia de La Concepción, torre campanario de la iglesia que se ve desde cualquier punto del casco histórico.

3.El Museo de Historia y Antropología de Tenerife sito en el palacio Lercaro, construido a partir de 1593 por una familia genovesa. Destaca la fachada de mampostería con portada renacentista y patio central con columnas de piedra o madera que sustentan las galerías superiores. Mucho uso de pino canario en suelos, artesonados, galerías…

4.La casa Montañés, sede del Consejo Consultivo de Canarias. Edificación del siglo XVIII en estilo tradicional canario con dos plantas y dos patios interiores.

5.Fundación Cristino de Vera, espacio museístico donde se encuentra la obra del pintor tinerfeño.

Muy cerca de La Laguna está el Parque Rural de Anaga. Parque rural es una terminología propia del Gobierno de Canarias que se refiere a espacios naturales valiosos en los que coexisten actividades humanas conformando un paisaje de gran interés ecocultural que precisa conservación. El de Anaga -declarado Reserva de la Biosfera- ocupa gran parte del macizo montañoso situado en el extremo nordeste de la isla. Impresiona observar las montañas elevándose sobre la costa. En el monte de Las Mercedes hay un Centro de visitantes. Desde el mirador las vistas son espléndidas y paseamos por la ruta para PMR del “sendero de los sentidos” que discurre por lo que fue un camino real.

La visita a Santa Cruz fue muy decepcionante, aunque la empezamos  bien. Al llegar nos acercamos al barrio de San Andrés para ver la playa de Las Teresitas, kilómetros de arena rubia pespunteada de palmeras. De vuelta a la capital, aparcamos el coche y nos dispusimos a recorrerla. Las dársenas estaban ocupadas por cinco grandes barcos de cruceros, un panorama muy feo. En la oficina de turismo nos indicaron la parte que mantiene algo de sabor antiguo, aislada entre las construcciones contemporáneas y muy reducida. Por las calles peatonales de la zona comercial caminamos poco pues el ascenso era continuo e incómodo para mí que utilizo silla de ruedas manual. No encontramos un paseo marítimo, no sé si porque estaban de obras o porque ésta es una importante ciudad portuaria, abarrotada de muelles, dársenas, buques comerciales, cruceros de turismo, contenedores, dique flotante de astilleros y embarcaciones deportivas.

Un día lo ocupamos en  el Parque nacional del Teide que está en el centro insular.  La cumbre del Teide es el “techo” de España, alcanza los 3.718 m., siendo 2000 la altitud media del parque, por lo que las condiciones climáticas son muy diferentes al resto de la isla. Antes de llegar al Centro de visitantes de El Portillo la carretera discurre durante kilómetros por la llamada corona forestal, un bosque no muy denso sobre todo de pino canario que va desapareciendo a medida que ascendemos y nos adentramos en la zona de alta montaña, muy árida por la escasez de lluvias. Junto al Centro de visitantes hay un Jardín botánico con un sendero transitable en silla y, auque en invierno la vegetación es escasa (no había florecido aún el emblemático tajinaste rojo) es interesante caminarlo  y contemplar ese paisaje volcánico adornado de retama y codeso. Los escasos diez kilómetros hasta Las Cañadas nos llevaron tiempo -arreglos en la carretera-, pero una vez que logramos aparcar y nos sentamos en la terraza de la cafetería me sentí abrumada y feliz ante una visión inolvidable: el cono del Teide y los roques, formaciones rocosas que quedan de antiguas chimeneas volcánicas, como el roque Cinchado, también llamado “árbol de piedra” No fuimos al teleférico pues me habían informado por teléfono que no permitían el acceso a personas en silla de ruedas por teóricos problemas de seguridad en caso de evacuación (¿?); como el disgusto ya me lo había llevado en la preparación del viaje, ese día solo disfruté del paisaje lunar. Volvimos después de comer por otra carretera y vislumbramos el mar de nubes.

Los itinerarios por el norte tinerfeño, zona agrícola multicolor, nos llevaron primero al valle de La Orotava -antiguo menceyato del Taoro guanche-, al mirador de  Humboldt desde contemplamos una espectacular alfombra verde cuajada de casas. Es llamativa la fertilidad de estas tierras producto de las abundantes aguas que corren por los barrancos del valle, lo que llaman “las venas del agua”: canales, estanques, atarjeas, charcas, balsas, chorros, galerías y pozos. LLegamos hasta la hermosa localidad de La Orotava y bajamos a Puerto de La Cruz, la ciudad más turística del norte. Estuvimos en el Jardín de Aclimatación, creado a finales del siglo XVIII, donde vimos colecciones de plantas tropicales y subtropicales con árboles de gran  interés por sus dimensiones, rareza o procedencia remota.  Paseamos por playa Jardín,  la plaza del Charco y el complejo de ocio Lago Martiáñez diseñado por César Manrique, una obra reflejo del estilo del artista, con sus solarios, playas y paseos.

En la parte más noroeste de la isla se encuentra Garachico. principal puerto de la isla hasta el siglo   XVIII , cuando una erupción volcánica lo sepultó  bajo lava. Allí comimos en la terraza del restaurante El Caletón, degustando comida marinera ante las piscinas naturales de caprichosas formas.

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Una okupa en mi terraza

Vivo en un primer piso todo exterior. Por el frente da a una calle en la que hay un gran plátano de sombra delante del portal, de forma que queda muy cerca de mi terraza; la trasera da a un parquecito  que en la actualidad  acoge una jaula con dos pavos reales, un macho y una hembra. Hasta hace cuatro o cinco años había varios pavos y estaban en libertad, pero a causa de la gripe aviar desaparecieron y desde que han vuelto están enjaulados.

El pasado sábado por la mañana descubrimos a una pava en nuestra terraza. ¡Ohhhhhh! Resultó muy desconcertante. Estuvo en ella todo el día hasta pasadas las 17:00 h. cuando voló al plátano donde pasó la noche. Ya conocíamos su costumbre de descansar por la noche en las ramas de los árboles, a las que llega realizando varios vuelos cortos. Es un espectáculo muy grato contemplar a un animal hermoso, grande y volador pasearse, con cautela,  por tu espacio doméstico.

El domingo estaba otra vez en la terraza, por lo que a mediodía le dejamos comida. Habíamos recabado información y de acuerdo con ella le pusimos escarola, pan, cabezas de pimientos fritos con todas las semillas, gajos de mandarinas, un plátano y pipas de girasol sin cáscara. Devoró. A estas alturas ya habíamos establecido cierta conexión, así que le pusimos nombre: Paulova. Ese día, como estaba más luminoso, no ascendió al plátano hasta las 17:30 h.

El lunes por la mañana volvimos a encontrarla en la terraza y nos empezamos a plantear la conveniencia de que volviera a su entorno. Informé por correo electrónico al departamento de Medio Ambiente del Ayuntamiento. Nos dimos cuenta de que no había probado ni el plátano ni las semillas de pimiento, las mandarinas estaban picoteadas  y habían desaparecido las pipas de girasol y la escarola. Eran de su gusto, así que repetimos. Sin respuesta a mi correo, a última hora de la tarde contacté con el servicio de  Atención al Ciudadano. Me indicaron  que debía llamar a la Policía Local, lo que hice el martes a la mañana.

Al poco de hablar con la Policía se presentaron en casa dos trabajadores de la empresa encargada del mantenimiento de los jardines. Vestían ropa reflectante y uno de ellos portaba un instrumento a modo de cazamariposas en tamaño gigante. En cuanto abrieron la puerta del tendedero Paulova voló a la terraza vecina y cuando salieron, ascendió al plátano. Ellos me contaron  que la pava llevaba cinco días fuera pues algún “vándalo” había roto la veja metálica de la jaula y los pavos habían salido. Al macho lo pudieron recuperar a las pocas horas, pero la hembra se lo estaba poniendo muy difícil. Se fueron sin haberla cogido. Pasado un  rato la pava volvió a transitar entre mi terraza y la de los vecinos. La pareja de parques y jardines telefonearon para saber dónde estaba, volvieron a la terraza para intentar atraparla y Paulova huyó al plátano. Debía estar amedrentada, porque ese día estuvo más tiempo en el árbol que en la terraza.

El miércoles por la tarde contacté con el Servicio de Protección de la Naturaleza. El guardia civil con quien me comuniqué y al que transmití mi preocupación por el bienestar del animal me dijo que debíamos dejar de alimentarla y que el animal sabía volver a la jaula.

Paulova  sigue pasando el día en nuestra terraza aunque ya no le damos comida. Nos mira fijamente desde su lado del cristal, no sé si implorando o furiosa… y por las noches vuela al plátano dormidero. Sabrá volver, pero parece que no quiere. LLeva ocho días en la terraza.

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A Islantilla en autobús

Este año, por vez primera, me animé  a solicitar plaza en uno de los turnos de vacaciones que organiza COCEMFE (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica). Me lo concedieron, por lo que hemos estado  la tercera semana de octubre en Islantilla, Huelva. Lo más destacado de estas vacaciones es lo ajustado del  precio,   pues  -supongo- que cuentan con importantes subvenciones, la que es seguro es la del IMSERSO .

Dado que salíamos de Madrid el domingo día 15 a las 8:30 de la mañana, fuimos el sábado y dormimos en la residencia de COCEMFE. Utilizando la aplicación ParkApp encontramos un garaje muy cerca donde dejamos el coche guardado (como eran nueve días debí tomar el bono de quincena por 95€).

Lo que más me ha gustado ha sido el autobús adaptado de la empresa Roncero. Nos montamos cinco personas con silla de ruedas eléctrica y otras cuatro con sillas manuales, que cuando dejábamos de necesitarlas se guardaban plegadas en el maletero. Los silleros subíamos en una plataforma elevadora, unos nos transferíamos a los asientos del bus y otros se mantenían en su silla que los del equipo anclaban al suelo para que fueran seguros. Calculo que este bus disponía de 20 asientos y el resto del espacio, otro tanto, para anclaje de sillas y el hueco para la plataforma. Después de dos paradas y muchos kilómetros, aparcamos en la puerta del hotel a las siete da la tarde. LLegué derrengada.

El hotel Ilunion  en Islantilla, perteneciente al grupo ONCE, es de 4ª categoría y está perfectamente adaptado. Es muy grande (casi 350 habitaciones), dispone de piscina, jardines y cafetería exterior con salones y porches muy agradables. En una de las salas del hotel nos reunimos todo el grupo, los que habíamos ido en el autobús y otros que fueron por su cuenta. En total 40 personas, la mitad de ellas con diversidad funcional u orgánica: desde afectados por esclerosis múltiple, por distrofia muscular, por lesión medular, por ataxia, por poliomielitis, por hipoacusia … etc. En resumen, una pandilla de “cascaos”.

 

Islantilla es una mancomunidad formada por los ayuntamientos de Lepe e Isla Cristina en 1991 para ser un referente turístico en Huelva. El conjunto cuenta con casi 2.500 plazas turísticas repartidas en hoteles y apartamentos, con dos centros comerciales y campo de golf. Se estructura  en torno a un paseo marítimos de 1400 metros que separa las construcciones -como máximo de cuatro alturas- de las dunas que flanquean la playa. Los diversos accesos a la playa,  con todos los servicios necesarios, son pasarelas de madera cómodas para usuarios de silla de ruedas.

El equipo de COCEMFE, los dos monitores y el conductor,  habían organizado varias excursiones. En Portugal, a Vila Real de San Antonio y a las ciudades del Algarve Faro y Tavira; y en Huelva a La Rábida y a Ayamonte. Solo fui a Ayamonte,  municipio situado junto a la desembocadura del Guadalquivir.  Faro y Tavira las conocía, y aunque no recordaba su pavimento, los compañeros dijeron que rodar por aquel empedrado había sido muy desagradable.

 

A la vuelta conseguimos reducir el tiempo casi una hora, llegamos a Madrid a las seis de la tarde; tuvimos suerte, no hubo atasco y mi cuerpo solo estaba algo fatigado. Volvimos a pernoctar en la residencia y el lunes recogimos el coche y para casa; la parada la hicimos en la soriana  Almazán, que cuenta con una joya del románico y una hermosa vista sobre el Duero.

En conjunto no me ha entusiasmado el viaje: por un lado la climatología no ha acompañado, un día lloviendo y muchas mañanas con el cielo nublado; por otro, hacer las tres comidas durante siete días en el mismo bufé acaba resultando muy aburrido. Además me acatarré y la tos todavía me acompaña.

 

Conciertos memorables

El otro día asistí a un concierto de Marlango en formato banda (cinco músicos) con motivo del X aniversario del museo Wurth de Logroño. La música fue estupenda pero la climatología no acompañó. El concierto se celebró en el jardín del museo a las 20:30 h. y a pesar de ser todavía verano la temperatura rondaba los 14 grados. Aunque pasé frío disfruté mucho escuchando los temas de Leonor/Pelayo o  sus singulares versiones de temas muy conocidos, desde Radio Futura a Quintero León y Quiroga.  Es la segunda vez que veo a Marlango, hace tres años fue en modo dúo en una sala de conciertos, pero creo que esta ocasión la recordaré mejor  porque fue gratis (regalo del museo por su cumpleaños) y por el frío.

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Así he evocado algún otro concierto que por una u otra razón nunca olvidaré. Los voy a enumerar sin atender a la cronología sino más bien al azar, por la impronta que me dejaron.

El de los Rolling Stones en Madrid en el estadio Vicente Calderón en julio de 1982 fue un súper concierto. Por el nivel del grupo, por el momento social de optimismo que vivíamos y por la lluvia apocalíptica que nos empapó y alegró una tarde de calor bochornoso. Unos años después los vi en Barcelona, y muy bien, pero el primero fue legendario, verlos acompañados de  rayos, truenos y diluvio, sonando y moviéndose espectacularmente.

En 1980 había ido a Madrid a escuchar y ver a Lou Reed, pero me quedé con las ganas. Después de mucho esperar, apareció en el escenario, cantó unos pocos temas y se fué. Ni él ni nadie de la organización nos explicó el motivo y nos enfadamos mucho. Se cayó -supongo que tiraron- una enorme columna de luz y sonido y el campo de fútbol se convirtió en una batalla campal. Menos mal que pude  irme sin  que hubiera avalancha que taponara la salida. Recuerdo el caos y la sensación de miedo y frustración.

Hace dos veranos estuve en el Jardín Botánico de Gijón en el concierto de Nacho Vegas. Formaba parte de los llamados “Los íntimos del Botánico”, conciertos para poco público al anochecer en un entorno privilegiado. Vegas estuvo en la pradera de la Aliseda acompañado de tres músicos y en algunos temas de un coro de quince personas. Fue todo muy especial; mi viaje sola a Gijón y el encuentro con una amiga que me llevó haciendo trekking por el Botánico hasta llegar a la aliseda donde estaríamos unas 400 personas. Un artista que me encanta en un escenario de lujo conviertieron esa noche de julio de 2015 en mágica.

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Otro momento imborrable -no solo en su faceta musical- fue la inauguración de los carnavales logroñeses  82 (u 83) en el Auditorio Municipal. El pregón corrió a cargo de R. Irigoyen y el colofón musical lo pusieron unos amigos míos que formaban el grupo Vertical Dadá. Ramón Irigoyen es escritor y en aquellos tiempos profesor de griego en el Colegio Universitario de La Rioja. Su pregón para celebrar a don Carnal y doña Cuaresma fue la lectura de párrafos seleccionados de  relatos eróticos publicados en la colección “La sonrisa vertical” que provocó el abandono paulatino de los compañeros en la mesa del Ayuntamiento y de gran parte del público. Para cuando llegó el turno de los músicos quedábamos unas pocas decenas de entusiastas que coreamos sus  temas con pasión. Vertical Dadá fue un grupo de pop-rock de breve recorrido con cinco integrantes (voz, guitarra, bajo, teclados y batería), influencias punk y reminiscencias intelectuales que en noviembre de ese año grabaron una maqueta. Poco después participaron en la primera muestra del nuevo panorama pop español, “Iberpop 84” junto a La Mode, Danza Invisible, Nacha Pop y Alaska.  Revivir esa tarde me llena de alegría, me retrotrae a una juventud bulliciosa y al final de una época mojigata.

 

Ficción en imágenes

Hace dos meses que uso Netflix, la distribuidora-productora de series y películas. Cambié a esta plataforma pues en casa nos gusta mucho el cine y tras más de una década utlizando Canal Plus, en los últimos tiempos, cuando pasó a ser propiedad de Movistar, el precio fue aumentando al tiempo que la variedad de la oferta cinematográfica disminuía. De Netflix lo mejor es el “streaming”, la descarga continua de contenido, de forma que todo empieza y acaba cuando quieres, a demanda.

He visto con interés Viajeros, una serie de ciencia ficción creada por Brad Wright. Se desarrolla en Canadá  sobre humanos que en el futuro descubren el  modo de viajar al s. XXI. Adoptan la vida de personas que mueren, realizando labores en equipo para evitar graves problemas que sufre la humanidad. El grupo lo forman el líder un agente especial del FBI, una médico, una técnico, un ingeniero y un historiador. La ciencia ficción no es un género que me entusiasme, pero en estos doce episodios es solo el punto de partida. La narración trata de cómo esos hombres del futuro se adaptan a nuestro mundo, por lo que la ambientación y la escenografía se corresponden con la realidad canadiense actual.

Menos interesante me ha parecido Crown, biografía de la reina Isabel II del Reino Unido, aunque le reconozco la calidad en cuanto a factura: documentación, vestuario y ambientación.

Abandoné en el cuarto capítulo The Fall, serie norirlandesa policíaca en la que reencontré a Gillian Anderson (la agente Scully de Expediente X) aquí en modo súper mujer detective a la caza de un asesino en serie de mujeres jóvenes con vidas profesionales de éxito. Me desagradan las historias de serial killers , por eso no la seguí, pero me gustó la intriga y la atmósfera de Belfast: las tensiones y zonas separadas de católicos y protestantes, la niebla y oscuridad que lo impregna todo.

Ahora estoy siguiendo con atención Hinterland, una serie negra rodada en el país de Gales. Cada capítulo dura noventa minutos, es independiente y se estructura en torno a la investigación de un crimen por parte de un  equipo policial de cuatro personas de la comisaría de Aberystwyth. El paisaje es otro protagonista; el entorno yermo, los páramos de esa región galesa cuyo destemplado clima  asola las extensas llanuras y cala en los lugareños, rústicos y secos, con unas  sencillas vidas que se ven interrumpidas fatalmente por la pasión o el error. El esclarecimiento del crimen no conlleva grandes complicaciones pues en cada  episodio confluyen de quince a veinte personas. Los personajes son pocos, las construcciones aisladas, el vacío y la soledad predominan acompañando el silencio y la tristeza de los personajes (en el mejor de los casos una sonrisa por capítulo). El inspector, encarnado por Richard Harrington, que lleva  los casos es un hombre atormentado por la culpa (la muerte accidental de su hija). Los policías no llevan armas, observan, escuchan, escrutan y resuelven con una tecnología precaria y a ritmo pausado. A pesar de la tristeza casi infinita que envuelve esta serie me tiene cautivada.

 

En la segunda quincena de agosto reabre el teatro Bretón y comienza con la emisión de películas en versión original. Este año he visto tres obras dramáticas, dos emocionantes y la otra extraña.

La chica desconocida, con guión y dirección de los hermanos Dardenne y la actriz Adèle Haenel. Aborda el sentimiento de culpabilidad de una joven médica generalista con consultorio en la periferia de una anónima localidad belga. Se culpa por la muerte de una inmigrante sin identificar a la que no atendió tras haber cerrado la consulta. El filme, con trama detectivesca sobre un relato social, incide en la culpa compartida de Europa sobre la inmigración.

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Verano 1993 es el primer largometraje de Carla Simón, recibido con numerosos premios. Por ello, ante su visionado estableces unas expectativas que pueden verse incumplidad en la realidad. No fue mi caso, me deleitó, aunque estoy de acuerdo con quienes apuntan a un exceso de primeros planos centrados en la protagonista. La historia es autobiográfica y en ella la directora se inspira en ese verano de sus seis años cuando quedó huérfana tras morir su madre de sida y tuvo que ir a vivir con sus tíos y prima. Ese verano en el que deberá adaptarse a su nueva familia y vivir su duelo está narrado con delicadeza, unas interpretaciones magníficas -sobre todo de las niñas, Laia Artigas y Paula Robles- y con  una alta calidad visual.

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Todo mujer, dirigida por Rafael Gordon e interpretada por Isabel Ordaz es la historia de una superviviente. Amalia sobrevive sola, arruinada, en un palacete segoviano, en el que vemos a un  intruso que, enamorado de ella, la vigila. Una historia sobre la dignidad con un guión extravagante y pinceladas surrealistas del que destaco la fotografía y la interpretación de la  protagonista.

 

 

 

 

 

 

 

Toulouse, nacida del río

En principio, las ciudades surcadas por un gran río me resultan apetecibles porque su orografía suele ser llana, y por tanto, cómodas.

Conocimos el Garona el año pasado en su tramo final y le hemos seguido la pista.  Lo hemos visto nacer en Artíes, cambiar de país y crecer rápido hasta convertirse en un río caudaloso a su paso por Toulouse (a 90 kms de los Pirineos), una ciudad edificada con ladrillos caravista -de ahí el apelativo de la ciudad rosa – que se forman con las arcillas y margas obtenidas en la vega del Garona.

 

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Situada en la sureña región de Occitania, Toulouse es la cuarta ciudad más  poblada de Francia, lo que la convierte en una metrópoli europea que lleva décadas creciendo en población.  Este constante aumento demográfico la convierte en una urbe joven. Nos sorprendió gratamente estar en una ciudad llena de jóvenes  -cuenta con tres universidades, tres escuelas politécnicas y más de una decena de escuelas de ingeniería-.

Fuimos a la oficina de turismo, donde nos facilitaron la Guía Toulouse Metropole un cuadernillo de 80 pgs. en francés y español con una completa información sobre la ciudad, alrededores y posibles actividades.

Toulouse recibió en 2015 uno de los premios de la Comisión Europea a la ciudad europea accesible.  El Acces City Award se creó en 2010 y reconoce cada año a tres  ciudades (una ganadora y dos finalistas) de más de 50.000 habitantes que crean un entorno más accesible e inclusivo en todos los ámbitos: medios de transporte,  acceso a la información  y facilidades para llevar una vida independiente a las personas con discapacidad. Las ciudades españolas reconocidas con este premio son Ávila, Barcelona y Santander.

Llegar al hotel (Adagio Aparthotel) tuvo su complicación pues  la calle estaba en obras, pero una vez dejado el coche en el aparcamiento y realizados los trámites,  la entrada al apartamento fue muy satisfactoria: cincuenta metros para dormitorio, cuarto de estar con cocina y aseo bien adaptado. A las comodidades del apartamento se suman las ventajas del hotel, un acierto. Sin embargo, el clima nos fastidió pues estuvimos los últimos días de junio, primeros de julio y en algún momento tuvimos que encender la calefacción.

Toulouse dispone de un notable patrimonio arquitectónico. Nos maravilló la Basílica de S. Sernin, uno de los mayores edificios románicos de Occidente, inscrita en el patrimonio mundial de la Unesco.

 

Luego nos detuvimos en el Convento de los Jacobinos, un impresionante edificio de ladrillo del gótico meridional con su bóveda de 22 mts. de altura sustentada en una columna estrellada de once brazos y nos recreamos en su claustro, capilla y refectorio.

 

Muchos ratos disfrutamos en los parques y jardines tolosanos. Paseamos por el Jardin des Plantes, entramos en el Museo de Ciencias Naturales con interesantes exposiciones. Otro día nos deleitamos en el Jardin Compans-Caffarelli, en cuyo centro se halla el jardin japonés y su pabellón de té.

 

En cuanto a las comidas, debo comentar que están acordes con los horarios laborales; a las 15:05 h. ya no te dan de comer. Esta no es una localidad turística sino de trabajadores:destaca su  industria aeroespacial, química o la investigación médica.

Otros museos visitados fueron el  de los Agustinos y la Fundación Bemberg. El primero conserva una colección de capiteles románicos y góticos que en la actualidad, con la instalación de Jorge Pardo, quedan bien resaltados. La pinacoteca no es accesible. La Fundación reúne un panorama del arte occidental de los últimos cinco siglos. Lo que más aprecié fue el espacio que la acoge, el palacete Assezat.

 

Nos gusta callejear por las ciudades, sentarnos en terrazas y ver pasar a los lugareños. Una lluviosa tarde vimos salir del Ayuntamiento a un grupo de joteros; luego supimos que Toulouse está hermanada con Zaragoza.

 

Y sí, los crepúsculos en la Ciudad Rosa son fantásticos.

 

 

 

 

 

 

Parque Nacional de Aigüestortes

En junio volvimos a este Parque que habíamos visitado hace diez años porque en la actualidad suma seis rutas accesibles. En aquella ocasión nos acercamos desde Espot al Estany de S.Maurici y pude hacer una pequeña ruta sobre el lago por una pasarela bien acondicionada. Este año hemos ido por otra zona, la comarca de la Alta Ribagorza y el valle de Boí.

En el centro de visitantes de Boí nos explicaron que desde allí podíamos hacer dos rutas. Nos proveyeron de mapas y dieron aviso a la Casa del Parque del área para que nos permitieran pasar con nuestro automóvil. De esta forma nos adentramos en la zona periférica de protección solo permitida al servicio de taxis 4×4 unos 2 o 3 kms. hasta el aparcamiento.

La ruta de la Altiplanicie de Aigüestortes es de 1000 mts. volviendo por el mismo camino que al ir. Al principio es una pista de tierra compactada practicable para sillas de ruedas y al poco una pasarela de madera espaciosa, segura y con desniveles adecuados. Una verdadera gozada deambular junto a las aguas tortuosas (meandros de alta montaña), musgos, fresnos, pinos, abetos …

 

La ruta del mirador es de 100 mts(ida y vuelta por el mismo camino). Se llega al mirador  ubicado en el centro de un amplio circo de montañas  entre ellas el pico Bony Graller (2.647m), es una panorámica deslumbrante.

Al volver pude utilizar un aseo adaptado que se sitúa entre el mirador y el aparcamiento, una cabaña de madera muy bien integrada en el entorno.

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Primavera en Sevilla

En esta ocasión he “peinado” Sevilla, me refiero a su casco histórico, claro. La primera vez que viajé allí fue con motivo de la Exposición Universal de 1992 y aunque estuvimos seis días los dedicamos a la megaferia por lo que solo conocí el  Guadalquivir, la catedral y el parque de Mª Luisa donde cogimos una calesa. Una segunda visita cuatro años después en camino hacia la costa onubense nos permitió pasear el barrio de Santa Cruz, visitar la Universidad y el  Alcázar Real. Hemos estado en abril, la semana posterior a semana santa y la anterior a la Feria de Abril, seis días en los que la metereología nos ha acompañado, calorcito sin agobios. Fuimos en AVE desde Zaragoza en algo menos de cuatro horas.

Sevilla es para los usuarios de silla de ruedas una ciudad cómoda al encontarse en un terreno  plano, con muy poco relieve. Situada en el extremo superior del gran estuario del Guadalquivir, que al ser  navegable para grandes embarcaciones hasta la ciudad permite acceder a los cruceristas. El río es determinante en su estructura urbana y hoy el cauce es una dársena que facilita la integración puerto-ciudad y la recuperación de espacios paseables en la orilla. También aquí hicimos un paseo fluvial, vendido por la empresa Cruceros Torre del Oro como una panorámica por la Sevilla monumental y su mítico río, en mi opinión mediocre pues tanto el vídeo como la información eran ramplones, casi  limitados a las construcciones de la Expo92, sin mencionar su historia antigua (sus épocas  romana y àrabe).

Elegimos un hotelito del barrio de Santa Cruz, un laberinto de callejuelas que se puede considerar la representación más pura de Sevilla. Antiguo barrio judío, hoy es una armoniosa mezcla de alojamientos turísticos, bares de tapeo, conventos e iglesias, plazas escondidas y  casas palacio. El hotel es el Petit Palace Santa Cruz sito en un triángulo que no alcanza a plazuela por nombre Ramón Ybarra LLosent. Es un hotel pequeño, moderno y accesible para usuarios de sillas de ruedas; aunque la rampa de entrada me resultaba incómoda la habitación fue un lujo: grande y perfectamente equipada para mis necesidades. Optar por esta zona para alojarnos suponía para mí dejar de ser autónoma pues muchas calles  tienen unas aceras minúsculas que a menudo desaparecen y se debe transitar por la calzada, y desde luego no hay rebajes. Así que mi acompañante me debía ir bajando y subiendo a las aceras, pues tampoco era factible ir todo el rato por la calzada pues si venía un coche no había espacio para los dos y además muchas calzadas estaban empedradas y así rodar por ellas es fastidioso.

Una mañana la ocupamos en el Real Alcázar (yo al ser PMR no tendría que  haber guardado fila, pero  lo desconocía). Lo recordaba palaciego, pero lo aprecié suntuoso y en esta ocasión me paseé por sus deliciosos jardines. Es un complejo residencial de los soberanos españoles que fue creciendo a partir del recinto del alcázar construido por los almohades sevillanos, un exquisito laberinto de patios y estancias mudéjares.

El museo de Bellas Artes merece una visita, pues además de ser una de las mejores pinacotecas españolas se encuentra en un espacio magnífico, el restaurado Convento de la Merced Calzada articulado en torno a tres patios y una gran escalera. Nos deleitamos, entre otras,  con las pinturas de Zurbarán y Murillo, éste expuesto en una sala que se corresponde a la antigua iglesia del convento, donde vimos trabajando a una restauradora en altos andamios y coincidimos con  dos grupos de niños.

De las diversos palacios que se pueden visitar elegimos la Casa Pilatos y el palacio Salinas. Por ser el más grande, la Casa Pilatos que combina los estilos renacentista italiano y  mudéjar logrando un resultado formidable, y por  vivir en él sus dueños, el palacio Salinas, que puede alquilarse para eventos.   Todas las casas palacio sevillanas  (y muchas que no son palacios) cuentan con patio, forjados, azulejería y techos artesonados.

Los  jardines y parques son espacios recreativos que encajan en el entramado urbano dotándolo de colorido y frescor. Cuando termina el barrio de Santa Cruz empiezan   los Jardines de Murillo, su continuación los de Catalina de Ribera, se cruza la avenida y encuentras el Prado de San Sebastián  y luego el parque de Maria Luisa; un agradable  recorrido entre árboles, flores, plantas y fuentes. Sin embargo, no pudimos pasear a orillas del río porque estaban arreglando el Pº Marqués de Contadero entre el puente de San Telmo y el de Triana. Además de estas zonas que suman muchos metros cuadrados de vegetación, están las pequeñas placitas  con los enormes ficus en su centro y los naranjos flanqueando calles o avenidas.

Las compras las hicimos en la calle Sierpes, calle comercial peatonalizada donde entramos en un antañón comercio de abanicos donde los había de diversos tamaños, materiales, coloridos y precios (desde seis euros hasta más de mil!). Respecto a la comida, estoy encantada pues  se puede tapear en la calle, a elegir entre mesón, restaurante, cervecería, bodegón, vinería, casa de comidas, cafetería, taberna o bar, donde se pueden pedir, según el apetito o el gusto por variar, tapas, medias, raciones o platos. Dejo constancia de alguno de los establecimientos que me han gustado: La Hospedería del Laurel en la plaza de Los Venerables, el Restaurante Alianza en la plaza del mismo nombre y el Patio de San Eloy en Menéndez Pelayo que cuenta con un gran aseo adaptado.


Cruzamos al barrio de Triana y la panorámica de Sevilla desde la otra orilla del Guadalquivir es espectacular. Me ha ayudado disponer de la Guía de Turismo Accesible de Sevilla en la web del ayuntamiento.

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Palacio de S.Telmo, Presidencia Junta  Andalucía

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Portal en el barrio de Sta.Cruz



Alta costura con hortalizas

El pasado viernes asistí en Calahorra a la VI Pasarela Ciudad de la Verdura . Fue un magnífico desfile  consistente en recreaciones de modelos de Christian Dior trabajados  con productos de la huerta calagurritana  con el que finalizaron las XXI Jornadas Gastronómicas de la Verdura.

Este original desfile está organizado por el Ayuntamiento y puesto en marcha por los profesores y alumnos de segundo curso del Grado  de Moda de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja (ESDIR).

Llegamos a la carpa del Silo  algo antes de  las 20:30 horas; estaba bastante llena, pero solicité al personal de Protección Civil que me permitieran situarme delante, en una zona donde había otros usuarios de sillas de ruedas y me hicieron un hueco en primera fila, junto a los informadores gráficos.

Desfilaron diecisiete modelos exhibiendo vestidos de fiesta, de cóctel y alguna originalidad del modisto en cuya confección habían utilizado repollos, lombardas pimientos secos, tomates cherry, alubias, pipas, maiz, arroz, laurel,  peladuras de cebollas o ajos, puerros… sobre algún  tejido.

Estas imágenes dan una idea del espléndido espectáculo.

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Películas de premio

El próximo día 4 de febrero la  Academia de Cine Español celebra la 31 edición de los Premios Goya. Como  he visionado muchas  películas españolas del año pasado, unas cuantas en salas y otras tantas en casa mediante televisón de pago, me he animado a realizar mi propia entrega de premios, con mis reglas.  Como es un juego solo me voy a ocupar de algunas  categorías claro, mejor película, director, guión, actores… Procuraré que la elegida lo sea entre las nominadas por la Academia aunque  en ninguna de las categorías las he llegado a ver  todas  y voy a repartir, es decir, ningun filme conseguirá más de un premio.

Mejor película: Julieta, producida por El Deseo.

Mejor dirección: Raúl Arévalo por Tarde para la ira.

Mejor guion original: Jorge Guerricaecheverría por Cien años de perdón.

Mejor actor protagonista: Eduard Fernández  por El hombre de las mil caras.

Mejor actriz  protagonista: Anna Castillo por El olivo.

Mejor actor de reparto: José Sacristán por Toro.

Mejor actriz de reparto: María Pujalte por La noche que mi madre mató a mi padre

Mejor fotografía: José Luis Alcaine por Altamira.

Mejores efectos especiales: Pau Costa y Félix Vergés por Un monstruo viene a verme.

Mejor película europea: El hijo de Saúl de László Nemes

Mejor cortometraje de ficción: Bla, Bla, Bla dirigida y producida por Alexis Morante

Mejor montaje: Aixalà, Dani Arbonès por Spain in a day.

La celebración será un festejo para todos los que trabajan en el mundo del cine y los aficionados dedicaremos algún rato a la retrasmisión televisiva de la gala; con independencia de quién la presente y de lo ágil y entretenida, o no, que resulte, ningún año la he visto  completa pues es un espectáculo demasiado largo. Ya veremos si los señores académicos y yo coincidimos en algún premio.