Conciertos memorables

El otro día asistí a un concierto de Marlango en formato banda (cinco músicos) con motivo del X aniversario del museo Wurth de Logroño. La música fue estupenda pero la climatología no acompañó. El concierto se celebró en el jardín del museo a las 20:30 h. y a pesar de ser todavía verano la temperatura rondaba los 14 grados. Aunque pasé frío disfruté mucho escuchando los temas de Leonor/Pelayo o  sus singulares versiones de temas muy conocidos, desde Radio Futura a Quintero León y Quiroga.  Es la segunda vez que veo a Marlango, hace tres años fue en modo dúo en una sala de conciertos, pero creo que esta ocasión la recordaré mejor  porque fue gratis (regalo del museo por su cumpleaños) y por el frío.

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Así he evocado algún otro concierto que por una u otra razón nunca olvidaré. Los voy a enumerar sin atender a la cronología sino más bien al azar, por la impronta que me dejaron.

El de los Rolling Stones en Madrid en el estadio Vicente Calderón en julio de 1982 fue un súper concierto. Por el nivel del grupo, por el momento social de optimismo que vivíamos y por la lluvia apocalíptica que nos empapó y alegró una tarde de calor bochornoso. Unos años después los vi en Barcelona, y muy bien, pero el primero fue legendario, verlos acompañados de  rayos, truenos y diluvio, sonando y moviéndose espectacularmente.

En 1980 había ido a Madrid a escuchar y ver a Lou Reed, pero me quedé con las ganas. Después de mucho esperar, apareció en el escenario, cantó unos pocos temas y se fué. Ni él ni nadie de la organización nos explicó el motivo y nos enfadamos mucho. Se cayó -supongo que tiraron- una enorme columna de luz y sonido y el campo de fútbol se convirtió en una batalla campal. Menos mal que pude  irme sin  que hubiera avalancha que taponara la salida. Recuerdo el caos y la sensación de miedo y frustración.

Hace dos veranos estuve en el Jardín Botánico de Gijón en el concierto de Nacho Vegas. Formaba parte de los llamados “Los íntimos del Botánico”, conciertos para poco público al anochecer en un entorno privilegiado. Vegas estuvo en la pradera de la Aliseda acompañado de tres músicos y en algunos temas de un coro de quince personas. Fue todo muy especial; mi viaje sola a Gijón y el encuentro con una amiga que me llevó haciendo trekking por el Botánico hasta llegar a la aliseda donde estaríamos unas 400 personas. Un artista que me encanta en un escenario de lujo conviertieron esa noche de julio de 2015 en mágica.

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Otro momento imborrable -no solo en su faceta musical- fue la inauguración de los carnavales logroñeses  82 (u 83) en el Auditorio Municipal. El pregón corrió a cargo de R. Irigoyen y el colofón musical lo pusieron unos amigos míos que formaban el grupo Vertical Dadá. Ramón Irigoyen es escritor y en aquellos tiempos profesor de griego en el Colegio Universitario de La Rioja. Su pregón para celebrar a don Carnal y doña Cuaresma fue la lectura de párrafos seleccionados de  relatos eróticos publicados en la colección “La sonrisa vertical” que provocó el abandono paulatino de los compañeros en la mesa del Ayuntamiento y de gran parte del público. Para cuando llegó el turno de los músicos quedábamos unas pocas decenas de entusiastas que coreamos sus  temas con pasión. Vertical Dadá fue un grupo de pop-rock de breve recorrido con cinco integrantes (voz, guitarra, bajo, teclados y batería), influencias punk y reminiscencias intelectuales que en noviembre de ese año grabaron una maqueta. Poco después participaron en la primera muestra del nuevo panorama pop español, “Iberpop 84” junto a La Mode, Danza Invisible, Nacha Pop y Alaska.  Revivir esa tarde me llena de alegría, me retrotrae a una juventud bulliciosa y al final de una época mojigata.

 

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Ficción en imágenes

Hace dos meses que uso Netflix, la distribuidora-productora de series y películas. Cambié a esta plataforma pues en casa nos gusta mucho el cine y tras más de una década utlizando Canal Plus, en los últimos tiempos, cuando pasó a ser propiedad de Movistar, el precio fue aumentando al tiempo que la variedad de la oferta cinematográfica disminuía. De Netflix lo mejor es el “streaming”, la descarga continua de contenido, de forma que todo empieza y acaba cuando quieres, a demanda.

He visto con interés Viajeros, una serie de ciencia ficción creada por Brad Wright. Se desarrolla en Canadá  sobre humanos que en el futuro descubren el  modo de viajar al s. XXI. Adoptan la vida de personas que mueren, realizando labores en equipo para evitar graves problemas que sufre la humanidad. El grupo lo forman el líder un agente especial del FBI, una médico, una técnico, un ingeniero y un historiador. La ciencia ficción no es un género que me entusiasme, pero en estos doce episodios es solo el punto de partida. La narración trata de cómo esos hombres del futuro se adaptan a nuestro mundo, por lo que la ambientación y la escenografía se corresponden con la realidad canadiense actual.

Menos interesante me ha parecido Crown, biografía de la reina Isabel II del Reino Unido, aunque le reconozco la calidad en cuanto a factura: documentación, vestuario y ambientación.

Abandoné en el cuarto capítulo The Fall, serie norirlandesa policíaca en la que reencontré a Gillian Anderson (la agente Scully de Expediente X) aquí en modo súper mujer detective a la caza de un asesino en serie de mujeres jóvenes con vidas profesionales de éxito. Me desagradan las historias de serial killers , por eso no la seguí, pero me gustó la intriga y la atmósfera de Belfast: las tensiones y zonas separadas de católicos y protestantes, la niebla y oscuridad que lo impregna todo.

Ahora estoy siguiendo con atención Hinterland, una serie negra rodada en el país de Gales. Cada capítulo dura noventa minutos, es independiente y se estructura en torno a la investigación de un crimen por parte de un  equipo policial de cuatro personas de la comisaría de Aberystwyth. El paisaje es otro protagonista; el entorno yermo, los páramos de esa región galesa cuyo destemplado clima  asola las extensas llanuras y cala en los lugareños, rústicos y secos, con unas  sencillas vidas que se ven interrumpidas fatalmente por la pasión o el error. El esclarecimiento del crimen no conlleva grandes complicaciones pues en cada  episodio confluyen de quince a veinte personas. Los personajes son pocos, las construcciones aisladas, el vacío y la soledad predominan acompañando el silencio y la tristeza de los personajes (en el mejor de los casos una sonrisa por capítulo). El inspector, encarnado por Richard Harrington, que lleva  los casos es un hombre atormentado por la culpa (la muerte accidental de su hija). Los policías no llevan armas, observan, escuchan, escrutan y resuelven con una tecnología precaria y a ritmo pausado. A pesar de la tristeza casi infinita que envuelve esta serie me tiene cautivada.

 

En la segunda quincena de agosto reabre el teatro Bretón y comienza con la emisión de películas en versión original. Este año he visto tres obras dramáticas, dos emocionantes y la otra extraña.

La chica desconocida, con guión y dirección de los hermanos Dardenne y la actriz Adèle Haenel. Aborda el sentimiento de culpabilidad de una joven médica generalista con consultorio en la periferia de una anónima localidad belga. Se culpa por la muerte de una inmigrante sin identificar a la que no atendió tras haber cerrado la consulta. El filme, con trama detectivesca sobre un relato social, incide en la culpa compartida de Europa sobre la inmigración.

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Verano 1993 es el primer largometraje de Carla Simón, recibido con numerosos premios. Por ello, ante su visionado estableces unas expectativas que pueden verse incumplidad en la realidad. No fue mi caso, me deleitó, aunque estoy de acuerdo con quienes apuntan a un exceso de primeros planos centrados en la protagonista. La historia es autobiográfica y en ella la directora se inspira en ese verano de sus seis años cuando quedó huérfana tras morir su madre de sida y tuvo que ir a vivir con sus tíos y prima. Ese verano en el que deberá adaptarse a su nueva familia y vivir su duelo está narrado con delicadeza, unas interpretaciones magníficas -sobre todo de las niñas, Laia Artigas y Paula Robles- y con  una alta calidad visual.

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Todo mujer, dirigida por Rafael Gordon e interpretada por Isabel Ordaz es la historia de una superviviente. Amalia sobrevive sola, arruinada, en un palacete segoviano, en el que vemos a un  intruso que, enamorado de ella, la vigila. Una historia sobre la dignidad con un guión extravagante y pinceladas surrealistas del que destaco la fotografía y la interpretación de la  protagonista.

 

 

 

 

 

 

 

Toulouse, nacida del río

En principio, las ciudades surcadas por un gran río me resultan apetecibles porque su orografía suele ser llana, y por tanto, cómodas.

Conocimos el Garona el año pasado en su tramo final y le hemos seguido la pista.  Lo hemos visto nacer en Artíes, cambiar de país y crecer rápido hasta convertirse en un río caudaloso a su paso por Toulouse (a 90 kms de los Pirineos), una ciudad edificada con ladrillos caravista -de ahí el apelativo de la ciudad rosa – que se forman con las arcillas y margas obtenidas en la vega del Garona.

 

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Situada en la sureña región de Occitania, Toulouse es la cuarta ciudad más  poblada de Francia, lo que la convierte en una metrópoli europea que lleva décadas creciendo en población.  Este constante aumento demográfico la convierte en una urbe joven. Nos sorprendió gratamente estar en una ciudad llena de jóvenes  -cuenta con tres universidades, tres escuelas politécnicas y más de una decena de escuelas de ingeniería-.

Fuimos a la oficina de turismo, donde nos facilitaron la Guía Toulouse Metropole un cuadernillo de 80 pgs. en francés y español con una completa información sobre la ciudad, alrededores y posibles actividades.

Toulouse recibió en 2015 uno de los premios de la Comisión Europea a la ciudad europea accesible.  El Acces City Award se creó en 2010 y reconoce cada año a tres  ciudades (una ganadora y dos finalistas) de más de 50.000 habitantes que crean un entorno más accesible e inclusivo en todos los ámbitos: medios de transporte,  acceso a la información  y facilidades para llevar una vida independiente a las personas con discapacidad. Las ciudades españolas reconocidas con este premio son Ávila, Barcelona y Santander.

Llegar al hotel (Adagio Aparthotel) tuvo su complicación pues  la calle estaba en obras, pero una vez dejado el coche en el aparcamiento y realizados los trámites,  la entrada al apartamento fue muy satisfactoria: cincuenta metros para dormitorio, cuarto de estar con cocina y aseo bien adaptado. A las comodidades del apartamento se suman las ventajas del hotel, un acierto. Sin embargo, el clima nos fastidió pues estuvimos los últimos días de junio, primeros de julio y en algún momento tuvimos que encender la calefacción.

Toulouse dispone de un notable patrimonio arquitectónico. Nos maravilló la Basílica de S. Sernin, uno de los mayores edificios románicos de Occidente, inscrita en el patrimonio mundial de la Unesco.

 

Luego nos detuvimos en el Convento de los Jacobinos, un impresionante edificio de ladrillo del gótico meridional con su bóveda de 22 mts. de altura sustentada en una columna estrellada de once brazos y nos recreamos en su claustro, capilla y refectorio.

 

Muchos ratos disfrutamos en los parques y jardines tolosanos. Paseamos por el Jardin des Plantes, entramos en el Museo de Ciencias Naturales con interesantes exposiciones. Otro día nos deleitamos en el Jardin Compans-Caffarelli, en cuyo centro se halla el jardin japonés y su pabellón de té.

 

En cuanto a las comidas, debo comentar que están acordes con los horarios laborales; a las 15:05 h. ya no te dan de comer. Esta no es una localidad turística sino de trabajadores:destaca su  industria aeroespacial, química o la investigación médica.

Otros museos visitados fueron el  de los Agustinos y la Fundación Bemberg. El primero conserva una colección de capiteles románicos y góticos que en la actualidad, con la instalación de Jorge Pardo, quedan bien resaltados. La pinacoteca no es accesible. La Fundación reúne un panorama del arte occidental de los últimos cinco siglos. Lo que más aprecié fue el espacio que la acoge, el palacete Assezat.

 

Nos gusta callejear por las ciudades, sentarnos en terrazas y ver pasar a los lugareños. Una lluviosa tarde vimos salir del Ayuntamiento a un grupo de joteros; luego supimos que Toulouse está hermanada con Zaragoza.

 

Y sí, los crepúsculos en la Ciudad Rosa son fantásticos.

 

 

 

 

 

 

Parque Nacional de Aigüestortes

En junio volvimos a este Parque que habíamos visitado hace diez años porque en la actualidad suma seis rutas accesibles. En aquella ocasión nos acercamos desde Espot al Estany de S.Maurici y pude hacer una pequeña ruta sobre el lago por una pasarela bien acondicionada. Este año hemos ido por otra zona, la comarca de la Alta Ribagorza y el valle de Boí.

En el centro de visitantes de Boí nos explicaron que desde allí podíamos hacer dos rutas. Nos proveyeron de mapas y dieron aviso a la Casa del Parque del área para que nos permitieran pasar con nuestro automóvil. De esta forma nos adentramos en la zona periférica de protección solo permitida al servicio de taxis 4×4 unos 2 o 3 kms. hasta el aparcamiento.

La ruta de la Altiplanicie de Aigüestortes es de 1000 mts. volviendo por el mismo camino que al ir. Al principio es una pista de tierra compactada practicable para sillas de ruedas y al poco una pasarela de madera espaciosa, segura y con desniveles adecuados. Una verdadera gozada deambular junto a las aguas tortuosas (meandros de alta montaña), musgos, fresnos, pinos, abetos …

 

La ruta del mirador es de 100 mts(ida y vuelta por el mismo camino). Se llega al mirador  ubicado en el centro de un amplio circo de montañas  entre ellas el pico Bony Graller (2.647m), es una panorámica deslumbrante.

Al volver pude utilizar un aseo adaptado que se sitúa entre el mirador y el aparcamiento, una cabaña de madera muy bien integrada en el entorno.

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Primavera en Sevilla

En esta ocasión he “peinado” Sevilla, me refiero a su casco histórico, claro. La primera vez que viajé allí fue con motivo de la Exposición Universal de 1992 y aunque estuvimos seis días los dedicamos a la megaferia por lo que solo conocí el  Guadalquivir, la catedral y el parque de Mª Luisa donde cogimos una calesa. Una segunda visita cuatro años después en camino hacia la costa onubense nos permitió pasear el barrio de Santa Cruz, visitar la Universidad y el  Alcázar Real. Hemos estado en abril, la semana posterior a semana santa y la anterior a la Feria de Abril, seis días en los que la metereología nos ha acompañado, calorcito sin agobios. Fuimos en AVE desde Zaragoza en algo menos de cuatro horas.

Sevilla es para los usuarios de silla de ruedas una ciudad cómoda al encontarse en un terreno  plano, con muy poco relieve. Situada en el extremo superior del gran estuario del Guadalquivir, que al ser  navegable para grandes embarcaciones hasta la ciudad permite acceder a los cruceristas. El río es determinante en su estructura urbana y hoy el cauce es una dársena que facilita la integración puerto-ciudad y la recuperación de espacios paseables en la orilla. También aquí hicimos un paseo fluvial, vendido por la empresa Cruceros Torre del Oro como una panorámica por la Sevilla monumental y su mítico río, en mi opinión mediocre pues tanto el vídeo como la información eran ramplones, casi  limitados a las construcciones de la Expo92, sin mencionar su historia antigua (sus épocas  romana y àrabe).

Elegimos un hotelito del barrio de Santa Cruz, un laberinto de callejuelas que se puede considerar la representación más pura de Sevilla. Antiguo barrio judío, hoy es una armoniosa mezcla de alojamientos turísticos, bares de tapeo, conventos e iglesias, plazas escondidas y  casas palacio. El hotel es el Petit Palace Santa Cruz sito en un triángulo que no alcanza a plazuela por nombre Ramón Ybarra LLosent. Es un hotel pequeño, moderno y accesible para usuarios de sillas de ruedas; aunque la rampa de entrada me resultaba incómoda la habitación fue un lujo: grande y perfectamente equipada para mis necesidades. Optar por esta zona para alojarnos suponía para mí dejar de ser autónoma pues muchas calles  tienen unas aceras minúsculas que a menudo desaparecen y se debe transitar por la calzada, y desde luego no hay rebajes. Así que mi acompañante me debía ir bajando y subiendo a las aceras, pues tampoco era factible ir todo el rato por la calzada pues si venía un coche no había espacio para los dos y además muchas calzadas estaban empedradas y así rodar por ellas es fastidioso.

Una mañana la ocupamos en el Real Alcázar (yo al ser PMR no tendría que  haber guardado fila, pero  lo desconocía). Lo recordaba palaciego, pero lo aprecié suntuoso y en esta ocasión me paseé por sus deliciosos jardines. Es un complejo residencial de los soberanos españoles que fue creciendo a partir del recinto del alcázar construido por los almohades sevillanos, un exquisito laberinto de patios y estancias mudéjares.

El museo de Bellas Artes merece una visita, pues además de ser una de las mejores pinacotecas españolas se encuentra en un espacio magnífico, el restaurado Convento de la Merced Calzada articulado en torno a tres patios y una gran escalera. Nos deleitamos, entre otras,  con las pinturas de Zurbarán y Murillo, éste expuesto en una sala que se corresponde a la antigua iglesia del convento, donde vimos trabajando a una restauradora en altos andamios y coincidimos con  dos grupos de niños.

De las diversos palacios que se pueden visitar elegimos la Casa Pilatos y el palacio Salinas. Por ser el más grande, la Casa Pilatos que combina los estilos renacentista italiano y  mudéjar logrando un resultado formidable, y por  vivir en él sus dueños, el palacio Salinas, que puede alquilarse para eventos.   Todas las casas palacio sevillanas  (y muchas que no son palacios) cuentan con patio, forjados, azulejería y techos artesonados.

Los  jardines y parques son espacios recreativos que encajan en el entramado urbano dotándolo de colorido y frescor. Cuando termina el barrio de Santa Cruz empiezan   los Jardines de Murillo, su continuación los de Catalina de Ribera, se cruza la avenida y encuentras el Prado de San Sebastián  y luego el parque de Maria Luisa; un agradable  recorrido entre árboles, flores, plantas y fuentes. Sin embargo, no pudimos pasear a orillas del río porque estaban arreglando el Pº Marqués de Contadero entre el puente de San Telmo y el de Triana. Además de estas zonas que suman muchos metros cuadrados de vegetación, están las pequeñas placitas  con los enormes ficus en su centro y los naranjos flanqueando calles o avenidas.

Las compras las hicimos en la calle Sierpes, calle comercial peatonalizada donde entramos en un antañón comercio de abanicos donde los había de diversos tamaños, materiales, coloridos y precios (desde seis euros hasta más de mil!). Respecto a la comida, estoy encantada pues  se puede tapear en la calle, a elegir entre mesón, restaurante, cervecería, bodegón, vinería, casa de comidas, cafetería, taberna o bar, donde se pueden pedir, según el apetito o el gusto por variar, tapas, medias, raciones o platos. Dejo constancia de alguno de los establecimientos que me han gustado: La Hospedería del Laurel en la plaza de Los Venerables, el Restaurante Alianza en la plaza del mismo nombre y el Patio de San Eloy en Menéndez Pelayo que cuenta con un gran aseo adaptado.


Cruzamos al barrio de Triana y la panorámica de Sevilla desde la otra orilla del Guadalquivir es espectacular. Me ha ayudado disponer de la Guía de Turismo Accesible de Sevilla en la web del ayuntamiento.

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Palacio de S.Telmo, Presidencia Junta  Andalucía

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Portal en el barrio de Sta.Cruz



Alta costura con hortalizas

El pasado viernes asistí en Calahorra a la VI Pasarela Ciudad de la Verdura . Fue un magnífico desfile  consistente en recreaciones de modelos de Christian Dior trabajados  con productos de la huerta calagurritana  con el que finalizaron las XXI Jornadas Gastronómicas de la Verdura.

Este original desfile está organizado por el Ayuntamiento y puesto en marcha por los profesores y alumnos de segundo curso del Grado  de Moda de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja (ESDIR).

Llegamos a la carpa del Silo  algo antes de  las 20:30 horas; estaba bastante llena, pero solicité al personal de Protección Civil que me permitieran situarme delante, en una zona donde había otros usuarios de sillas de ruedas y me hicieron un hueco en primera fila, junto a los informadores gráficos.

Desfilaron diecisiete modelos exhibiendo vestidos de fiesta, de cóctel y alguna originalidad del modisto en cuya confección habían utilizado repollos, lombardas pimientos secos, tomates cherry, alubias, pipas, maiz, arroz, laurel,  peladuras de cebollas o ajos, puerros… sobre algún  tejido.

Estas imágenes dan una idea del espléndido espectáculo.

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Películas de premio

El próximo día 4 de febrero la  Academia de Cine Español celebra la 31 edición de los Premios Goya. Como  he visionado muchas  películas españolas del año pasado, unas cuantas en salas y otras tantas en casa mediante televisón de pago, me he animado a realizar mi propia entrega de premios, con mis reglas.  Como es un juego solo me voy a ocupar de algunas  categorías claro, mejor película, director, guión, actores… Procuraré que la elegida lo sea entre las nominadas por la Academia aunque  en ninguna de las categorías las he llegado a ver  todas  y voy a repartir, es decir, ningun filme conseguirá más de un premio.

Mejor película: Julieta, producida por El Deseo.

Mejor dirección: Raúl Arévalo por Tarde para la ira.

Mejor guion original: Jorge Guerricaecheverría por Cien años de perdón.

Mejor actor protagonista: Eduard Fernández  por El hombre de las mil caras.

Mejor actriz  protagonista: Anna Castillo por El olivo.

Mejor actor de reparto: José Sacristán por Toro.

Mejor actriz de reparto: María Pujalte por La noche que mi madre mató a mi padre

Mejor fotografía: José Luis Alcaine por Altamira.

Mejores efectos especiales: Pau Costa y Félix Vergés por Un monstruo viene a verme.

Mejor película europea: El hijo de Saúl de László Nemes

Mejor cortometraje de ficción: Bla, Bla, Bla dirigida y producida por Alexis Morante

Mejor montaje: Aixalà, Dani Arbonès por Spain in a day.

La celebración será un festejo para todos los que trabajan en el mundo del cine y los aficionados dedicaremos algún rato a la retrasmisión televisiva de la gala; con independencia de quién la presente y de lo ágil y entretenida, o no, que resulte, ningún año la he visto  completa pues es un espectáculo demasiado largo. Ya veremos si los señores académicos y yo coincidimos en algún premio.

Logroño en movimiento

Un comentario que venimos frecuentando los logroñeses en los últimos años es la sorpresa que nos causa ver nuestra ciudad ocupada por turistas. Con un somero análisis constatamos el auge del turismo: los españoles del siglo XXI viajamos mucho, pues el arco de experiencias, precios e información ha aumentado notablemente.

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Concatedral de Santa María de la Redonda

Logroño es una ciudad que supera por  poco los 150.000 habitantes, situada en el Camino de Santiago. Es capital de La Rioja, la comunidad más pequeña del país tanto en superficie como en población. Es razonable pensar que cualquiera que visite La Rioja pasará un día o medio en su capital. Siendo La Rioja zona vitivinícola y la enocultura uno de los pilares de la cultura mediterránea, resulta atractiva. El enoturismo y la gastronomía son dos motivos que mueven a muchas personas a esta tierra. Hablo de visitar bodegas o calados,  realizar catas, disfrutar de vinoterapia (tratamientos saludables en balnearios o spas) o de las fiestas de la vendimia, incluso realizar la actividad como vendimiador algún rato. También ir a la calle de Laurel (por otro nombre “la senda” de los elefantes, en alusión a las trompas) y aledaños, zona famosa de vinos y tapas.

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Muralla del Revellín

Los logroñeses en la cincuentena hemos visto cómo el casco viejo que en nuestra infancia era el corazón de la ciudad se fue degradando a medida que el centro se trasladaba hacia el sur huyendo del río. Y cómo en la última década se va recuperando la parte histórica con restauraciones o nuevas construcciones dotadas de las comodidades hoy imprescindibles: calefacción y garaje.

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Iglesia de San Bartolomé

Cuando éramos jóvenes Logroño era demasiado pequeña y falta de casi todo. Ya adultos comprobamos que era una localidad cómoda y con encantos: un magnífico paseo junto al Ebro fruto de los Fondos Europeos para rehabilitación de riberas, una suficiente oferta cultural y dotación deportiva ( el colegio universitario se ha convertido en universidad con varias facultades), un tamaño manejable y un tráfico sin agobios.

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Parque del Ebro

Estos dos últimos años me tiene asombrada la apertura -reapertura en varios casos- de establecimientos hosteleros en los que se han hecho importantes inversiones: grandes espacios bien diseñados y que cubren todo el horario ( de 8 de la mañana a 2 tras la medianoche). Supongo que los propietarios son  grupos empresariales que han superado la crisis económica y a corto/medio plazo ven  en la hostelería un sector con futuro. Iremos viendo.

Burdeos

Finalizando el mes de septiembre hemos viajado al sur de Francia y al norte de España: cuatro días en Burdeos y dos en San Sebastián. Introdujimos cambios; en Burdeos en vez de alojarnos en un hotel optamos por un apartamento. Resultó una buena experiencia que repetiremos.

Llegamos a la capital de Aquitania tras atravesar las Landas por una autoroute carísima que circula a través del  más extenso bosque europeo, miles y miles de pinos cubren esta tierra desde que se desecaron las marismas.

Burdeos, fundada por los romanos, floreciente ciudad vitivinícola anexada a la corona inglesa,  tuvo su época de esplendor  en el s. XVIII y en la actualidad es un importante puerto francés que cuenta con cerca de doscientos cincuenta mil habitantes y su área metropolitana alcanza el millón.

Es una ciudad edificada a lo largo de una de las orillas río Garona por lo que resulta llana, cómoda para recorrerla en silla de ruedas. Su centro histórico está bien rehabilitado y con una gran parte peatonalizada. Algunos accesos a esta zona conservan las puertas que protegían la ciudad medieval. La circulación de coches está muy restringida, son mayoritarias las bicicletas. Hay bastantes plazoletas llenas de terrazas donde tomar algo y alguna gran plaza, como la Pey-Berland donde encontramos la catedral gótica de Saint André, separado de ésta su campanario que es la torre que da nombre a la plaza y el palacio Rohan donde se ubica el Ayuntamiento. Otra plaza irregular es la que conforman tres placitas en las cercanías de la iglesia y la flecha de Saint Michael. La flecha la divisamos desde el apartamento y cuando salimos a la calle fuimos en su dirección y así descubrimos esta singular plaza multiétnica  bordelesa. Y por otra parte están las plazas grandiosas como la   de la Comedia con el teatro de la Ópera y una gran escultura de Jaume Plensa,  la plaza de la Bolsa en el Paseo de los muelles  con el Espejo del Agua que es una lámina de agua continua que refleja los majestuosos edificios del otro lado del paseo.

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Cuando llevábamos dos días y habíamos paseado por casi todo el centro compramos en la oficina de turismo una CityPass para dos días con la que podíamos utilizar cualquier transporte público y acceder a museos. Resultó un timo: 36 € por tomar varias veces el tranvía pues fuimos hasta La Ciudad del Vino y con la tarjeta la entrada se reducía solo 2 € y tampoco pudimos montarnos en un inencontrable autobús turístico.

Como el tiempo era estupendo pasamos un rato matinal en  el Jardín Público. Otra mañana nos acercamos al Museo de Bellas Artes, un manejable museo  que estaba más ocupado por pintores aficionados/aprendices que por visitantes/turistas. Muy positiva me pareció la instalación de cabinas de aseo adaptadas en jardines o plazas, así me pude desentender de las condiciones de accesibilidad de los servicios en las cafeterías/restaurantes a los que iba.

Preguntas que  quedaron sin respuesta: ¿Dónde están los viejos bordeleses? Es como si fueran todos perfectos pues solo vimos a una niña con síndrome de Down y a una pareja de turistas  (lo aseguro porque coincidimos en tres lugares para foráneos) usuarios de silla de ruedas. No había gente con diversidad funcional, entonces ¿qué pasa con los ancianos? ¿no salen de casa? ¿no viven en Burdeos sino en urbanizaciones o residencias en las afueras? ¿tampoco hay jóvenes lesionados medulares o adultos que hayan sufrido ictus?.

Otra ruta por el noroeste

La última semana de julio la pasamos entre la Galicia interior y el occidente asturiano. En el viaje de ida hicimos la primera parada en la Villa romana de La Olmeda, las ruinas de una explotación agrícola del S.I. La visita guiada es muy interesante y la visión  de los mosaicos muy placentera. Después de la visita  avanzamos un poco hasta Sahagún donde comimos. Fue curioso pues llegamos casi a las 15:00 horas y  la plaza del pueblo estaba a rebosar de gente escuchando a la banda municipal. Siguiendo hacia Orense nos desviamos para acercarnos al Lago de Sanabria, un paraje supergustoso en una tarde veraniega.

Un poco antes de medianoche entramos en el parador de Santo Estevo y nos deslumbró. El monasterio benedictino en su origen  románico, conjuga estilos gótico, renacentista, barroco y su última reconversión en parador de turismo lo inserta en la modernidad con lujo. Al día siguiente  recorrimos el conjunto monacal desde  la iglesia románica pasando por los tres claustros, el más grande el de los caballeros, el más antiguo el de los obispos y el pequeño o de viveiro. Como establecimiento hotelero es impresionante y buenas las condiciones de accesibilidad.

Por la Ribeira Sacra es complicadillo moverse por la orografía.  Las visitas de naturaleza fueron a uno de los miradores sobre los cañoñes del Sil y a la zona donde confluyen el Sil y el Miño que cuenta con un puente realizado por la escuela de Eiffel. Nos acercamos hasta el monasterio de santa Cristina de Rivas do Sil al que no pude entrar pues está situado en una zona boscosa de robles del todo inaccesible para mi silla. Paseamos por Orense donde comimos en un restaurante con estrella Michelín, el Nova, un espacio moderno con cocina de autor y un buen sistema para no resultar demasiado caro; no hay carta sino tres menús, el más sencillo por 28€ y los otros van aumentando platos y precio. Comimos fenomenal, desde luego y el aseo adaptado es un espacio memorable por su disonancia con  el resto de estilo minimalista; el aseo está muy decorado: lámparas, estanterías, cuadros, espejos y mucho colorido.

Cuando abandonamos el parador fuimos a Lugo para conocer las murallas. Es la única muralla romana que se conseva completa, sus dos kilómetros. Me había informado de que podría pasearla pues dispone de un ascensor, pero no fue necesario usarlo pues recorriendo la parte antigua, delante de la catedral se puede llegar al adarve con un poco de ayuda pues la pendiente es fuerte. Me gustó mucho ese paseo que no pude hacer en Ávila donde me tuve que quedar abajo.

Al parador de Corias llegamos al anochecer, la impresión fue diferente, este  monasterio  también benedictino y de origen rómánico se restauró como neoclásico y el parador ha adoptado ese modelo  de sencillez, aunque en lo que se refiere a la adaptación para personas con movilidad reducida es hasta innovador: el armario disponía de un sistema para colocar la ropa muy sofisticado, pero estupendo porque podías bajar la barra a la altura de la silla.

El jueves era el día que me suscitaba mayor interés. Teníamos un pase para entrar en la Reserva de Muniellos, declarada por la UNESCO reserva de la biosfera cuyo acceso está restringido, es una referencia de la lucha conservacionista. Primero fuimos al Centro de Interpretación de Muniellos y nos asomamos al mirador, fue impresionante, divisar desde lo alto un gran robledal (el mayor de Europa), luego continuamos hacia el Centro de Recepción de Muniellos, donde nos pudimos pasear por la ribera del río Tablizas pues hay un sendero accesible de 600 mts.  Fui una inmersión en la naturaleza para mí muy especial pues pocas veces puedo hacerlo rodando en mi silla, fuera del coche.

Por la tarde estuvimos en Cangas de Narcea, un lugar con encanto. Al día siguiente se acercó Lurdes desde Gijón. Pasamos un día magnífico, recorrimos en vehículo parte del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, comimos en Xedré y por la tarde fuimos al Rincón Cunqueiru  en Trabau donde Rosa nos hizo una demostración de uso del torno a pedal. Nos contaron que ellos intentan mantener y dar a conocer el oficio de sus ancestros, cunqueiro o tixilleiro, artesanos de la madera que fabricaban utensilios (cuencos, artesas, cimbreiras, platos…)para el hogar con la materia que abunda en su zona, madera de abedul, castaño o nogal, no de roble porque se raja ni de pino porque su resina es tóxica. Al volver hacia el parador vimos  cerquísima un busardo o águila ratonera.

Durante toda la semana disfrutamos de un tiempo magnífico con buena temperatura de día y fresquito nocturno.